La forma más sofisticada de la censura sutil

Por: Guillermo Linero

Escritor, pintor, escultor y abogado de la Universidad Sergio Arboleda


En ocasión de la extradición de Alex Saab y de las respuestas que diera el Gobierno del presidente Maduro, persiguiendo a personajes a quienes las autoridades internas habían encontrado responsables de ser aliados del Estado norteamericano en la estrategia de debilitar y/o derrocar al gobierno de Venezuela, y, más precisamente, con la persecución al periodista Roberto Deniz –el primero en iniciar investigaciones sobre el empresario barranquillero–, me pregunto y les pregunto a los lectores si no habrá remedio en el mundo para evitar que los Gobiernos abusen (por buenos que estos parezcan) de los instrumentos de poder para evitar ser cuestionados cuando no están haciendo algo realmente perverso, o para evitar ser denunciados cuando sí lo están haciendo.


La censura a los medios de comunicación y, especialmente, a los periodistas se ha presentado desde que existe la política, y se ha reconocido de manera muy objetiva cómo se han posesionado, en calidad de típicas, algunas conductas burdas contra la libertad de expresión que pretenden homogeneizar la opinión pública en torno a los intereses y ambiciones de los gobernantes. Sin embargo, las políticas en la posmodernidad han cambiado, si no en esencia, sí en sus modos y maneras. Anteriormente, las críticas o reclamos de las y los periodistas a las conductas abusivas de los gobernantes no tendrían eco, precisamente, debido a la lentitud en las comunicaciones: hoy en día, la existencia de muchos periodistas o informadores sin lazos con medios oficiales les ha obligado, a las personas que asumen el poder, a trocar esos modos directos de censura salvaje por unos muy disimulados.


En el presente, antes que negarles a los periodistas información o impedirle