La cultura como estrategia para superar la violencia urbana



Gladys María Baloyes Martínez es una chocoana que llega a la ciudad de Bogotá, desplazada en dos ocasiones, por razones que hasta el día de hoy desconoce. De un momento a otro, junto a su esposo que era policía, se vio obligada a dejar su lugar de trabajo en Casacará en el departamento de Sucre.

Se trasladó a Medellín en donde recibió una segunda amenaza, por lo que tomó la decisión de radicarse en la ciudad de Bogotá, en donde vuelve a ejercer su labor como maestra en el colegio Villa Rica en el barrio el Socorro en la localidad de Kennedy, territorio en la capital de la República que durante los años 80 y 90 llegó a presentar altos índices de violencia urbana, por la presencia de pandillas juveniles dedicadas a la delincuencia.

Gladys encontró que en esta zona de la capital del país, los jóvenes eran presa fácil de los cordones de la criminalidad urbana, por pertenecer a familias de escasos recursos, por lo que toma la decisión en compañía de otros docentes, de invitarlos a dejar las actividades delictivas, a través de actividades culturales, en este caso la danza.

En la década de los 90, la ciudad de Bogotá comenzó a superar las acciones del terrorismo, tras la baja de Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha, dos grandes narcotraficantes que sembraron el pánico en las principales ciudades del país. Sin embargo, la violencia urbana no cesaba.