La Colombia que vive en el exilio

Por: Luis Eduardo Celis. Columnista Pares.


Desde los años sesenta miles de colombianos buscaron alternativas en Ecuador, Venezuela y los Estados Unidos luego en los setenta fueron cientos de miles hacia esos mismos destinos que les garantizaban oportunidades de desarrollo económico y seguridad. Ya para los ochenta y noventas fueron millones buscando trabajo y oportunidades, y ahora se agregaba la defensa de la vida, en Colombia. Como ahora, había persecución sobre identidades políticas y comunidades, y el exilio fue la alternativa para salvar la vida y encontrar refugio junto a la familia, o lo que quedaba de ella.


Ahora que estamos en la recta final de superar la vieja rebelión armada hoy convertida en “Resistencia Armada” -ya llegará un acuerdo con el ELN- hay que tener presente a esa Colombia que vive tras las fronteras y que bien sabe que aquí están sus raíces y siempre anhelan el retorno o poder mantener una relación de mayor dialogo y cooperación con los países que los han acogido y que ahora son igualmente sus patrias, donde han echado raíces y donde sus hijos y sus nietos saben que igualmente tienen sangre y cultura colombianas.


Es tiempo de saber con mayor detalle y rigor lo que han construido las y los colombianos en esas otras tierras que los acogieron y les dieron lo que les fue negado aquí: en esas tierras encontraron respeto, seguridad y oportunidades de llevar adelante la vida, esas nuevas tierras se favorecieron con unas migraciones pujantes y dedicadas al trabajo, que llevaron sus costumbres y sus ganas de asentarse de manera seria y responsable en las sociedades que los albergaban.


Hay un déficit de política pública hacia el exilio y las migraciones colombianas, algo se ha avanzado en las últimas dos décadas donde algo se habla de esa Colombia que esta fuera de las fronteras, pero estamos lejos de contar con una política pública de calidad y abarcadora de las múltiples dimensiones que deben ser atendidas según los interés y expectativas de lo que puede llegar a ser más del 10% de la población colombiana hoy viviendo fuera de Colombia.


Capítulo especial merecen las comunidades colombianas que pasaron la frontera para salvar la vida. Eso se dio de manera principal hacia Ecuador y Venezuela y la recepción que allí tuvieron con muy pocas excepciones fue de bienvenida e integración y las crisis de xenofobia y rechazo, que en algún momento se dieron en Ecuador, fueron enfrentadas por la misma sociedad ecuatoriana y se dieron oportunidades para la integración, de hecho hay poblaciones de enorme predominancia de población colombiana, es emblemático el caso de “Santo Domingo de los colombianos”, población de refugiados de la violencia de mediados de siglo.


Ahora somos nosotros quienes recibimos a dos millones de venezolanas y venezolanos, miles de ellos con familias colombianas. Esa migración también es parte de la historia nuestra en Venezuela, y es pertinente seguir pensando y trabajando por su integración y permanencia, la inmensa mayoría llegó para quedarse, como lo hicimos nosotros durante cuatro décadas con cifras más altas de las que hoy muestra esta ola migratoria.


Está por escribirse lo que ha sido la presencia de Colombia en las sociedades que nos han acogido, algo se ha hecho, pero falta mostrarnos con mayor detalle y minuciosidad lo que ha significado vivir fuera de Colombia para esos millones de colombianos y colombianos, esas historias ameritan un trabajo sistemático que debe ser parte de la política pública por dimensionar.


La Colombia que vive fuera de Colombia también somos nosotras y nosotros y debemos profundizar los diálogos y los canales de cooperación, más ahora que contamos con los medios de comunicación tan ágiles. Ya no estamos aislados, como lo fue durante décadas, y con estas facilidades hay que construir unos puentes más anchos y fluidos de lo que debe ser una política pública hacia la migración y el exilio, la cual hoy es demasiado limitada y precaria.