La alta tolerancia



“Al principio es duro, la sangre escandaliza, pero después una se acostumbra”, eso me decía una amiga que había manifestado tenerle miedo a la sangre, pero que estudió medicina. Esto mismo parece aplicarse a todo tipo de práctica repetitiva humana. En profesiones como la medicina, no hay lío, se aumenta la tolerancia a la sangre gracias al oficio. Pero cuando nos referimos a temas de violencia, corrupción y guerra, es señal de una sociedad enferma. Tres ejemplos vale la pena recordar.

El primer hecho que recuerdo fue el caso del subteniente del Ejército Raúl Muñoz, quien violó una niña, la asesinó y luego asesinó a los dos hermanitos de la niña. Días después del hecho viajé al departamento de Arauca y nunca olvidaré una frase que me dijo una señora que atendía un restaurante: “Algo debió haber hecho el señor”, se refería al papá de los tres niños; es decir, la señora justificaba la violación y los asesinatos. El otro hecho, que aún me asombra, es el de la exsenadora Liliana Rendón, quien justificó la violencia contra la mujer. Cuando se le indagó sobr