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Hacia una arquitectónica para la participación

Por: Germán Valencia

Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia


Entre agosto de 2023 y febrero de 2024, un grupo amplio de la ciudadanía se encuentra en Colombia pensando la arquitectónica de la participación de la sociedad en la fase de diagnósticos y propuestas para el proceso de paz que se adelanta entre el Gobierno Colombiano y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Aunque esta labor tiene como responsable directo al Comité Nacional de Participación (CNP), es una actividad a la que estamos invitados todos los colombianos y las colombianas a contribuir (Ver: Tareas de la sociedad en la construcción de paz con el ELN). Este Comité, que es una instancia especial y transitoria y que está articulado con la Mesa de Diálogos de Paz con el ELN, cumple un papel fundamental en el diseño y la promoción de la participación de la sociedad en este proceso de paz.

Durante los dos primeros meses que lleva de funcionamiento –desde el 02 de agosto hasta el 02 de octubre–, este organismo ha logrado integrar a, por lo menos, 20 sectores y poblaciones, entre ellos a trabajadores, campesinos, académicos, el sector cooperativo y variadas organizaciones no gubernamentales (ONG) del país.

La idea del Comité es que durante los próximos tres meses –de octubre a diciembre de 2023– logre realizar tres grandes encuentros. El primero de ellos será esta primera semana de octubre –el jueves 05 y el viernes 06 de octubre–, que se realizará en Bogotá, y en el que participarán un primer grupo de ciudadanos: aquellos que conforman variados Procesos y Medios de Comunicación Alternativos, Comunitarios y Populares –como los niñas, niños y adolescentes; el campesinado; las comunidades negras, raizales y palenqueras; entre muchos otros–.

Luego, entre noviembre y diciembre, nos informa el CNP que adelantarán en los encuentros otros sectores y poblaciones –como los estudiantes, comunidades religiosas, defensores de derechos humanos, de mujeres, de víctimas, población carcelaria, gremios económicos y diáspora–. Además de las comunidades académicas universitarias y los jóvenes de las primeras líneas.

Finalmente, se plantea la realización de 10 encuentros regionales en el Litoral Pacífico, Suroccidente, Nororiente, Orinoquía, Amazonía, Caribe, Centro, Eje Cafetero, Antioquia y Magdalena Medio. Con los que se completará la propuesta metodológica en este momento de diseño para pensar en las estrategias de participación; que, según nos cuentan, deberá estar finalizada en febrero de 2024.

Como podrán imaginar, la tarea que tiene el CNP y los sectores y actores invitados es muy compleja. Diseñar un Plan Nacional de Participación (PNP) que permita abordar los tres macro-temas priorizados por la Mesa de Negociación –que son los asuntos económicos, políticos y ambientales– no es fácil.

Al terminar, estos comprometidos con la paz nos presentarán la arquitectura que tendrá la participación de la sociedad para el diagnóstico de problemas y el diseño de propuestas para la transformación. Un Plan que debe contener delineado una metodología y unos escenarios que deben caracterizarse –según el Acuerdo de México, del 10 de marzo de 2023, y el de Cuba, el 09 de junio del mismo año– por permitir una participación de la sociedad de forma activa, propositiva, incluyente, deliberativa, vinculante y eficaz.

Esta arquitectura deberá posibilitar que todas las organizaciones de la sociedad civil o personas que quieran participar en el proceso de paz, a partir de febrero, puedan hacerlo. Una estructura que permita la participación del ciudadano de la calle, y también al militante de un partido o un representante de una organización popular.

Debe tener una mirada que incluya todos los enfoques –una fiesta de la paz con varias luces–: que debe ser diferencial, tener perspectiva de género, incluir a las comunidades LGBTIQ+, a los grupos étnicos –indígenas, negros, raizales– y ser territorial –ir de lo nacional a lo local, pasando por las subregiones–.

De allí que en este momento inicial en el que apenas comienzan las reuniones de los sectores y actores de la sociedad que darán luces y entregarán insumos al CNP, es necesario recordarles algunos asuntos que no deben olvidarse a la hora de buscar la arquitectura de la participación y que podrán servir al realizar esta importante tarea.

El primero es hacer uso de la institucionalidad. Después de la Constitución de 1991, al menos dos leyes –la 134 de 1994 y la 1757 de 2015– nos pusieron a nuestro servicio mecanismos de participación ciudadana, como las iniciativa popular –legislativa y normativa–, el referendo, la consulta popular –del orden nacional, departamental, distrital, municipal y local–, el plebiscito, el referendo y la consulta popular. Los cuales podemos normativamente usar.

El segundo es recurrir a la experiencia y la cultura política. Las comunidades vivientes, que habitan y trabajan en territorios, tienen forma de organizarse para analizar sus problemas  y proponer soluciones. En nuestros territorios y lugares donde vivimos es normal el uso de cabildos abiertos y las asambleas populares; además hacemos foros, talleres, debates, mingas o congresos de los pueblos. De allí que la propuesta debe recoger estas experiencias, prácticas y costumbres comunitarias.

Como tercero, debemos recurrir a los aprendizajes acumulados en procesos de paz. Así, por ejemplo, en el proceso con las FARC-EP se usó la recepción de propuestas sobre los puntos de la agenda por parte de ciudadanos y organizaciones por medio de formularios físicos y electrónicos; y se convocaron espacios de participación organizados por terceros, con el fin de recoger propuestas de organizaciones de la sociedad civil sobre los temas de la agenda de paz (Ver: Participación de la sociedad civil en el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- FARC -ep- (2012-2016)).

Un cuarto asunto es permitir que surja la creatividad. Aunque es cierto que debemos tener en cuenta los elementos que ofrece la normatividad y la cultura, también debemos recurrir a la imaginación creativa que tenemos para gestionar los problemas de la democracia colombiana. Debemos permitir que la misma sociedad realice propuestas imaginadas para la construcción de acuerdos de transformación que nos saquen de la guerra y nos enruten en la paz. Hacer uso de la autodeterminación y la soberanía popular.

Finalmente, como quinto, no debe olvidarse la diferencia que hay entre diagnosticar problemas y proponer soluciones. Estas son dos actividades que hay que diferenciar. Debemos pensar en una arquitectónica que tenga en cuenta la complejidad conflictiva, para que permita el diálogo, la deliberación y no la dominación, y, al mismo tiempo, los consensos y acuerdos. Un plan de acción que contemple el uso de metodologías de resolución pacífica de conflictos, de construcción de acuerdos y de toma de decisiones. La idea es no violentar, sino dialogar y enriquecernos.

En conclusión, la tarea que tienen las organizaciones que participarán en estos tres encuentros nacionales y los 10 regionales, al igual que los miembros del CNP, es grande. Nos encontramos ante un gran lienzo en blanco, en el cual deberemos dibujar, durante estos cinco meses, los planos de la participación de la sociedad en el proceso de paz con el ELN; que nos permite hacer gráficas, sociogramas y mapas de relaciones. No estamos ante un modelo acabado de participación, ni formas universales y únicas, ya aprobadas y fijas. Estamos en un momento de posibilidades de proponer y de reflexionar críticamente sobre lo que tenemos y queremos.

El objetivo es tener en nuestras manos una guía metodológica que nos indique de dónde partir y a dónde llegar en la labor de diagnosticar los problemas y de la propuesta de soluciones en Colombia. Una arquitectura que esperamos sea simple, para que todos la comprendamos con facilidad. Que aproveche la experiencia para que el saber acumulado no se pierda. Que permita la creatividad para permitir el uso de la imaginación y que la gente pueda ser vocera, representante, líder o que asuma el papel que desee cumplir.

Finalmente, un diseño donde prime la sensatez, para que logremos finalmente construir diagnósticos y propuestas realizables –recordemos que no tenemos mucho tiempo, estamos en una etapa que exige que en este par de meses entreguemos los insumos–. Un modelo que nos enseñe cómo organizarnos para participar y cumplir el principio de implementar en la medida que se avanza en la negociación para dejar instalada en la cultura ciudadana prácticas participativas.

Nota: Desde la Plataforma de Seguimiento al Proceso de Diálogo entre el Gobierno y el ELN (Isegoría) se pueden encontrar una serie de análisis, columnas, boletines, documentos académicos, y reportajes periodísticos relacionados con este proceso. Toda esta información se puede consultar en el sitio https://isegoria.udea.edu.co/


*Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.



 

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