Gustavo Petro en Queens, Nueva York

Por: María Victoria Ramírez


Desde las cuatro de la tarde del domingo 18 de septiembre, ya había fila a la afueras del Queens Borough Hall, eledificio público del distrito de Queens de la ciudad de Nueva York que alberga la Oficina del Presidente del Distrito y otras oficinas municipales, además de los tribunales. En este lugar, los consulados colombianos de Nueva York y Nueva Jersey convocaron un encuentro de emprendedores y comunidad colombiana con el presidente Gustavo Petro, que estaba previsto entre las cinco y las ocho de la noche. Imaginábamos todos los asistentes que el evento sería adentro del edificio, donde pudiéramos sentarnos y tuviésemos una suerte de interacción con el presidente y su comitiva.


El ambiente era festivo, de mucha expectativa por lo que anunciaría el presidente, llegó gente de New Jersey y Boston, entre otras ciudades. Vi pancartas del Pacto Histórico y banderas del M-19, carteles pidiéndole no olvidar a la primera línea y uno simpático que versaba: “Petro Capullo, quiero un hijo tuyo”. Lo cierto es que todo transcurrió a las afueras y debimos permanecer de pie durante las más de cuatro horas hasta terminar la programación, inclusive las personas adultas y mujeres embarazadas debieron soportar la espera. Hubo grupos musicales, algunos traídos desde Colombia, otros que han conformado los inmigrantes colombianos aquí en esta cosmopolita ciudad, intercalados con relatos de emprendedores, la mayoría jóvenes, que contaban su experiencia de negocio.


A lo largo de la jornada estuvieron como maestros de ceremonia dos periodistas colombianos: Luis Alejandro Medina y Adriana Vargas, ambos de Telemundo. Hay que decir que su presencia suscitó la crítica de muchos de los asistentes por considerar a Telemundo un medio hostil a Petro. La presencia de Caracol y RCN en el sitio provocó arengas: ¡fuera Caracol!, ¡fuera Telemundo!, ¡fuera RCN! Algunos expresaron que el evento parecía organizado por enemigos del presidente y que los medios que hacían presencia en el lugar eran medios hipócritas que habían atacado a Petro durante toda su campaña y ahora posaban junto a él. Toda la tarde se escucharon voces de inconformidad con la gestión del consulado en Nueva York y en especial con la mala organización del evento, los asistentes reclamaban insistentemente que no hubiera una bandera de Colombia junto al atril desde donde hablaría el presidente. Encontraban inadmisible que en el encuentro con la comunidad de inmigrantes en Nueva York, su primer contacto con ellos como presidente de los colombianos, fuera en el andén y sin poder acercarse, pues el sitio desde donde hablaría estaba separado por vallas metálicas. Por supuesto que había medidas de seguridad, francotiradores en la parte alta del edificio y personal de protección destinado a un jefe de Estado, que es fácilmente distinguible por sus trajes de corbata y su mirada escrutadora, además de cables detrás de las orejas para intercomunicarse.


Se conocía que el presidente antes de llegar al encuentro tendría una reunión con el Secretario General de la Organización de Naciones Unidas, António Guterres, y, posteriormente, con el presidente del Distrito de Queens. Lo que no se sabía es que llegaría al caer la noche, pocos minutos antes de las 8 p.m. cuando ya debieron encender los reflectores.


Cuando se supo que el presidente estaba dentro del edificio en su reunión con el presidente del Distrito de Queens, Donovan Richards, de forma espontánea se empezó a corear el himno nacional de Colombia y al finalizar: ¡Petro, Petro, Petro! Cuando salieron a hacer su intervención conjunta, el presidente Richards tomó la palabra: “mientras vemos lo que está ocurriendo en la frontera con Texas, con miles de migrantes, nuestros hermanos y hermanas están siendo enviados a nuestra ciudad y a nuestro distrito, no puedo pensar en un mejor momento para celebrar nuestra diversidad y reafirmar aquí en Queens que nosotros siempre vamos a ser un distrito abierto a todos los que quieran llamar a este distrito su hogar. Y como hijo orgulloso de un inmigrante, quien se acaba de convertir en ciudadano estadounidense hace dos años, siempre seré un aliado para construir puentes y no muros para los inmigrantes en nuestro distrito. Es por eso que me siento orgulloso de darle la bienvenida al presidente Petro esta noche. También me siento orgulloso de ser el primer negro en convertirse en presidente de Queens y quiero felicitarlos también por haber elegido a la primera mujer negra como vicepresidenta de Colombia”. En ese momento se oyó corear: ¡Francia, Francia, Francia!


Richards también hizo alusión en su discurso a que la elección histórica de Gustavo Petro se basó en su discurso de justicia y equidad para todos los colombianos aquí y alrededor del mundo; a que él entiende la necesidad de cambios, especialmente después de la pandemia que afectó desproporcionadamente a la gente negra; que en momentos de crisis climática hay que proteger la selva amazónica y fortalecer alianzas para eliminar los combustibles fósiles; entendió que deben existir reglas de juego justas en las que los ricos paguen y pueda reinvertirse el dinero en las comunidades y que el condado de Queens comparte esas metas comunes. Con un grito de “Viva Colombia· en español, Richards le cedió la palabra a Gustavo Petro, que la gente acompañó con el grito de “¡Sí se pudo!”.


El presidente Petro saludó a Donovan Richards y lo llamó compañero Richards, se refirió a la realidad de centenares de millones de personas alrededor del mundo que dejan su país para luchar en tierras extrañas donde las leyes muchas veces no los protegen, donde se les persigue y se esconden incluso de sus compatriotas. Sostuvo que la comunidad colombiana que deambula por el mundo es un pueblo que merece la pena emanciparse, que las personas que han llegado aquí, a Estados Unidos, muchas veces con la tristeza de lo que dejaron atrás lo han hecho mayoritariamente por la realidad de la violencia, que al destruir la existencia por doquier fue construyendo una diáspora alrededor del planeta, llenando de colombianos y colombianas los más extraños lugares.


Afirmó que los consulados no pueden seguir siendo un premio dado, entregado por derecho familiar o hereditario, ya no pueden ser los recintos donde se gobierna excluyendo a la mayoría de la nación. Los consulados y las embajadas tienen que ser espacios de trabajo liderados por gente trabajadora y por eso decidió nombrar como representante permanente ante las Naciones Unidas a una dirigente indígena: Zabalata, es su apellido, dijo. “Ella viene del corazón del mundo, se llama así su tierra, la Sierra Nevada de Santa Marta. Viene de los pueblos ancestrales que existen antes de que el primer español tocara el territorio que hoy llamamos Colombia. Viene a encontrarse con el mundo, con toda la diversidad de la humanidad que se congrega en esta ciudad. Viene a levantar la voz del pueblo colombiano”. Petro invocó las palabras de Roberto Cubaría, un indígena que habló sobre el peligro de extraer el petróleo de las venas de la tierra a riesgo de que pereciera la humanidad, pero que en su momento nadie le creyó.


“Hoy la embajadora Zalabata podrá repetir las palabras de Cubaría desde la silla en el edificio central de Naciones Unidas donde nunca antes en representación de Colombia se había sentado una indígena. Y el embajador de Colombia, como el presidente Donovan Richards, es un descendiente de las luchas afro de toda América, Luis Murillo. ¿Cómo va a nombrar un negro, decían allá en Bogotá, cómo va a nombrar una indígena?, pues he aquí que los he nombrado y he aquí que tienen una gran responsabilidad, la de transformar las embajadas y los consulados de Estados Unidos en centros de trabajo. Es la comunidad colombiana que vive legal o ilegalmente en Estados Unidos la que debe encontrar en esos cuartos, salones y sillas de las embajadas y consulados, descanso, ayuda, solidaridad y organización. Para que la comunidad colombiana pierda el miedo porque su gobierno y su nación los defiende antes que nada, antes que las mercancías, los grandes capitales, antes que los grandes intereses, está por encima el interés ciudadano, construir una comunidad migrante que no compite. Una comunidad colombiana que construye la paz en Colombia y la dignidad plena fuera de su país.


Este Embajador y esta Embajadora estarán prestos a servirles porque un servidor público no es más que un sirviente de su pueblo. Ustedes son los que mandan. Aquí hemos venido a hablar de la paz de Colombia, a hablar de la vida en el mundo que están entrelazadas porque la vida en el mundo necesita de la selva amazónica.


La próxima vez que vengamos en medio del diálogo regional con la diáspora, haremos una evaluación frente a ustedes. ¿Han servido los funcionarios que se han nombrado, ha servido el gobierno que se ha elegido, nos hemos acercado más a la vida? Entonces habremos caminado por el camino correcto”.


Al finalizar el discurso, rompiendo el cerco de seguridad, el presidente Petro bajó las escalinatas y se acercó a la valla metálica. Dio la mano, firmó libros, en medio del nerviosismo del cuerpo de protección; el grupo se fue disolviendo entre murmullos y sonrisas. Luego de casi cinco horas de pie, por fin, habíamos podido ver al presidente.