Federico Gutiérrez tiene el aforo completo

Por: León Valencia


Todos los clanes, grupos y movimientos que apoyaron a Duque en la segunda vuelta presidencial en 2018 ya llegaron a la campaña de Federico Gutiérrez cuando apenas empieza la campaña de primera vuelta. Se juntaron rápidamente las derechas para intentar detener el avance de las izquierdas. El fenómeno llama la atención porque Gutiérrez no es un candidato sobresaliente ni por la novedad de su proyecto político, ni por el carisma, ni por el arrastre en las encuestas de opinión.

Iván Duque corrió la primera vuelta representando una coalición compuesta por el Centro Democrático, el Partido Conservador y las iglesias evangélicas. Con esos apoyos ganó en 512 municipios y obtuvo 7.616.857. En segunda vuelta se le sumaron Cambio Radical, el Partido de la U y el Partido Liberal, estas fuerzas la aportaron 350 municipios y cerca de 2.800.000 votos. Le ganó con holgura a Gustavo Petro que obtuvo 4.855.069 en primera vuelta y 8.040.449 en segunda.

Duque no tuvo necesidad de hacer negociación alguna con estos partidos y sus clanes políticos. En reuniones cortísimas los jefes de estos partidos le expresaron su apoyo. Tuvo incluso la descortesía de no mencionarlos en el discurso del triunfo. Antes de la pandemia y del estallido social resultó fácil explotar el miedo a la izquierda y a Petro, en particular.

Las cosas son ahora muy diferentes. El uribismo -la fuerza que había dominado la política colombiana a lo largo de veinte años- decayó y es ahora el furgón de cola de la derecha. Petro lleva más de un año encabezando las encuestas y se ha convertido en un polo de atracción de sectores que hasta hace poco militaban en partidos tradicionales. La centro-izquierda, en cabeza de Sergio Fajardo, se ha agrupado y con tropiezos y dificultades se apresta a dar una batalla en primera vuelta. La suma de los votos de estas dos fuerzas en las consultas está cerca de la mitad más uno de los votantes de segunda vuelta.

El golpe de opinión del Pacto Histórico en la consulta del 13 de marzo al alzarse con seis millones de votos y poner 19 senadores fue el detonante para la unidad anticipada de las derechas. Esta vez alrededor de un candidato sin fuerza propia y sin discurso. Repite una por una las consignas del uribismo sin la novedad y la pasión de Uribe y sin la memoria fácil de Duque. Atajar el ascenso del castro-chavismo, impedir que Colombia se convierta en otra Venezuela, salvar la democracia y las libertades del asedio del autoritarismo, en fin…

Faltan algunos ajustes para que Federico Gutiérrez se pueda tomar la foto rodeado de todos los varones electorales de la derecha. Ya Cesar Gaviria declinó la posibilidad de ir hacia el Pacto Histórico porque la mayoría de los congresistas recién elegidos, en votación que no se hizo pública -dicen las malas lenguas-, definió su preferencia por Gutiérrez. Vargas Lleras utilizó el atajo de firmar un acuerdo con Dilian Francisca Toro para actuar de consuno en la política nacional. El candidato del Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga, se había adelantado a renunciar a la candidatura y declarar su apoyo a Gutiérrez un día después de las elecciones legislativas, ahora ese Partido adelanta el trámite formal de la decisión.

Aun así, las dos encuestas que se han realizado después del 13 de marzo le dan a este candidato en el 19% y el 23% de la intención de votos. Agotadas las alianzas sólo le queda sacudir el escenario nacional con alguna novedad en sus propuestas o encontrarse en el camino con hechos que le den credibilidad al miedo que quieren infundir sobre las izquierdas.

¡Ah! Queda un cabo suelto, Rodolfo Hernández, quien dio la sorpresa de crecer a buen ritmo antes de las consultas. De mantener su candidatura hasta la primera vuelta y no pasar a segunda -dado su feroz discurso contra las fuerzas que rodean a Gutiérrez-, lo más probable es que deje en libertad a sus electores.