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En libertad el político que ordenó la masacre de 15 campesinos en Macayepo, Bolívar

Por: Redacción Pares




La historia la leí en el libro Parapolítica, historia del mayor asalto a la democracia en Colombia. En su capítulo, titulado Los mecanismos del sistema que favorecieron la parapolítica la investigadora Laura Bonilla se adentra en el clan de los García Romero. A finales del siglo pasado los hermanos Juan José y Alvaro García Romero eran los dueños de Sucre. Habían heredado ese poder de su padre. Alvaro se unió con José Guerra de la Espriella en la década del noventa “para participar en elecciones con el aval del Movimiento Nacional Progresista”.


Como lo afirma la investigadora Bonilla “El secreto de un clan exitoso es combinar negocios con política”. Eso lo entendió muy bien este clan. Cuando uno de sus primos, Gabriel García Romero fue alcalde de Cartagena en 1992 les vendió acciones de la Sociedad Portuaria de Cartagena “a una empresa fachada, creada por una socia de Juan José García Romero y su esposa Piedad Zuccardi”.


En Sucre nada se movía sin la aprobación del clan así que cuando los paras quisieron fundar un bloque en ese departamento se reunieron en una finca con sesenta políticos. La finca se llama Las Canarias y era propiedad de Miguel Nule Amín. Fue un pacto de silencio y de complacencia. En ese contexto ocurre la masacre de Macayepo.


10 días antes de la masacre, en una llamada efectuada el 6 de octubre del año 2000, Alvaro García Romero, entonces senador, habla con un hombre llamado Joaquín García, reconocido ganadero. El tema de la conversación es el de conseguir apoyo del entonces gobernador de Sucre, cercano al Clan Romero, Eric Morris, para mover tropas a una finca alrededor de las zonas de “El Aguacate” y “Pajonalito”, zonas aledañas a Macayepo.  En la conversación el ganadero se queja con el gordo García que están realmente cansado de que la guerrilla les robe ganado. En la operación el senador García no sólo movió sus influencias sino que recibió plata por esto.


Justamente fue por el lado de el Aguacate por el que los paramilitares entraron a Mayepo el 14 de octubre del año 2000. Fueron ochenta hombres del bloque de las AUC conocido como Héroes de los Montes de María, comandado por el despiadado Rodrigo Mercado Peluffo, “Alias Cadena”. La lección que pretendían dejarle a los campesinos era no robar más ganado y que no colaboraran con las guerrillas cuando sobre esto ni siquiera tenían pruebas. Así que con garrote, machetes y rocas mataron a 15 campesinos.


El Gordo García no sólo les ayudó con la logística sino que su influencia fue vital para trasladar al coronel Rodolfo Palomino, quien estaba en la zona y había hecho operativos exitosos contra los paramilitares. La grabación de la conversación fue una de las pruebas que usaron contra el senador para condenarlo a 40 años de prisión.


Macayepo, según cuenta Verdad Abierta, no fue una masacre aislada. “Hizo parte de una violenta cadena de matanzas emprendida por los paramilitares de la región en un intento por obtener el control de los Montes de María. Los corregimientos localizados en esa región, entre ellos Macayepo, están localizados en un corredor estratégico que da un fácil acceso desde el sur de Bolívar hacia todos los departamentos de la Costa Atlántica”. Por esa zona también se movían los frentes 35 y 37 de las FARC al mando de Martín Caballero. Los combates con estos guerrilleros fueron una constante.


Los hombres de alias “Cadena” también estuvieron metidos en cinco masacres que, de debido a su poder de terror,  dos de ellas pasaron a ser emblemáticas en la ofensiva paramilitar: la de El Salado con sus más de cien muertos, también asesinados a garrote, y la del Chengue donde fueron asesinadas 27 personas.


En la noche del 9 de julio el país supo que Alvaro García, uno de los políticos que podría resumir el solo la podredumbre de la parapolítica, saldría libre habiendo completado apenas un poco más de la mitad de su condena. n febrero de 2010 la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia lo declaró culpable de los delitos de concierto para delinquir agravado, homicidio múltiple, homicidio simple en calidad de determinador y desplazamiento forzado.


Gozará de libertad condicional. Una de las razones que usó su defensa para bajar la pena fue desvirtuar esa conversación ya citada con Joaquín García, que fue publicada en su momento por Semana. Aún no se sabe qué recurso apelarán las organizaciones de víctimas para reversar una decisión que vuelve a revictimizarlos.

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