El sometimiento a la Justicia: una alternativa para el combate a grupos armados organizados



Los datos lo dicen todo: desde 2006, cuando finalizó la desmovilización paramilitar, se produjo un rearme de organizaciones criminales que directa o indirectamente se ligaban al paramilitarismo. Llegaron a existir más de 100 grupos en todo el país, -Águilas Negras, Águilas Doradas, Nueva Generación, Los Mellizos, Los Nevados, Los Paisas, etc.-. Además, con la guerra interna de varios carteles del narcotráfico comenzaron a surgir ejércitos privados al servicio de economías ilegales. Los Rastrojos y Los Machos son un buen ejemplo. Al final eran más de 120 grupos en todo el país.


Desde 2011 comenzó una disputa entre estas organizaciones, al igual que una guerra frontal del Estado, que, al menos a nivel nacional, lideró el presidente Juan Manuel Santos. Las operaciones Troya I y Troya II son los mejores ejemplos. Ambas dinámicas llevaron a un proceso de cooptación criminal que redujo el número de estructuras, pero aumentaron su poder. El Clan del Golfo cooptó algo más de un treintena de estas organizaciones, lo mismo hicieron Los Rastrojos en su momento. Quedaba claro que estos grupos se apoderaron de los eslabones últimos de la cadena del narcotráfico: los laboratorios de clorhidrato de cocaína y las rutas de exportación.

 Al final quedaron tres grandes grupos armados organizados, cerca de 20 organizaciones de segundo nivel, de alcance regional, como La Empresa de Buenaventura y centenares de grupos locales compuestos por jóvenes que son subcontratados por las primeras o segundas organizaciones. Desde 2006 hasta hoy se cuentan más de 15.000 capturas o neutralizaciones de miembros de estas organizaciones. Se calcula que hoy los miembros de estos grupos llegan a poco más de 7.000, la misma cifra que hace 10 años. Así las cosas, todo parece indicar que la capacidad de reposición de estas organizaciones es bastante fácil. Miles de jóvenes colombianos conforman un ejército de reserva para la criminalid