El secuestro es un crimen contra el amor

Por: Luis Eduardo Celis. Columnista Pares.

Libertad para Francisco Alvarado, secuestrado en Arauca en julio de 2020.

En la mañana del jueves 6 de octubre de 1981, cuando un falso agente de tránsito y tres civiles que dijeron ser del F-2 -igualmente falsos-, que era una dependencia de la Policía Nacional, secuestraron a Zuleika, Yidid y Xouix, de 7, 6 y 5 años, hijos de José Jáder Alvarez, en el norte de Bogotá cuando se dirigían a sus colegios, se inició una de las tragedias de las muchas que se han dado con esta repudiable práctica, que desafortunadamente sigue presente en la sociedad colombiana.


Los tres niños permanecieron algunos días en Bogotá, luego fueron trasladados a Gachalá. Los secuestradores entraron en contacto con Jáder Álvarez y le exigieron un rescate a lo cual este se negó. Jáder era hijo de una familia del Caquetá con negocios de ganadería. Él se vinculó al narcotráfico y tomó el camino de buscar la liberación de sus hijos con la participación de personas vinculadas al MAS -Muerte a Secuestradores- una organización que había surgido luego del secuestro de Marta Nieves Ochoa, en el mes de noviembre del mismo año 81, en asocio con integrantes del F-2, esta vez sí, auténticos.


Entre las exigencias de los secuestradores y la negativa del padre, se dio la tragedia. Los niños fueron encontrados muertos el 18 de septiembre de 1982, y en su búsqueda por parte de agentes del F-2, en activa coordinación con integrantes del MAS, fueron detenidos, torturados y asesinadas 14 personas: la mayoría jóvenes universitarios de las universidades Nacional y Distrital, algunos campesinos, un sastre y un latonero.