El (pos) conflicto en el Catatumbo

Por: Alejandro Jiménez, Investigador de la Línea Conflicto, Paz y Postconflicto

En lo corrido del año 2016, aun cuando ya era previsible el carácter irreversible de la suscripción de un acuerdo de paz entre la otrora guerrilla de las FARC y el Estado colombiano,  había un sinsabor generalizado en algunas regiones del país por los posibles brotes de violencia. En estos lugares aún era inimaginable la desaparición por completo del silbido de las balas, las incursiones armadas en asentamientos rurales y urbanos; una de estas zonas era el Catatumbo.

Para ese momento, en medio de tertulias y de algunos intercambios con amigos y conocidos, algunos de ellos avezados defensores y defensoras de Derechos Humanos de la región, coincidíamos en que la conflictividad existente en el Catatumbo sería una piedra en el zapato para la consolidación de esa paz territorial, cacareada desde el nivel central mientras se guardaba aún la gran brecha entre las decisiones del nivel central frente a lo territorial, en las que el Estado aún no lograría llegar para consolidar su deuda histórica con las comunidades de garantizar el pleno goce de sus derechos.

La extensión de cultivos de uso ilícito sumado a la alimentación de otras rentas ilegales, la existencia de conflictividades territoriales de carácter intercultural entre indígenas y campesinos, las tensiones entre modelos de desarrollo como la explotación primaria de recursos no renovables vs. la producción campesina agroalimentaria, las agresiones y la impunidad contra líderes sociales  y, tal vez la más compleja, la creciente actividad bélica de las estructuras del Frente de Guerra Nororiental del ELN y del reducto del Frente Libardo Mora Toro del EPL, ya se preveían como grandes obstáculos para la consolidación de la paz en la región. A pesar de la disminución de la violencia del conflicto armado, la desactivación armada por parte de las estructuras del Frente 33 de las FARC no serían más que un pequeño aliciente ante el convulsionado panorama, ya que existía el gran miedo de un  copamiento territorial violento a raíz de posibles disputas por las rentas ilícitas. Todo esto junto era la receta para que el futuro del postconflicto en la región se mostrase bastante endeble y esquivo si el Estado Social de Derecho no lograba, por un lado, dar cumplimiento a lo pactado y, seguidamente, su consolidación territorial con med