El momento más crítico de Santos



Todas las encuestas de marzo dicen que la imagen del presidente Santos está por debajo del 25 por ciento. Alguna señala que está por debajo del 20 por ciento. No es para menos. El presidente, al finalizar el primer trimestre del año, parecía un saco de boxeo al que golpeaban con saña la amenaza de un apagón, la sequía, el declive impresionante de los precios del petróleo, el crecimiento del desempleo, el aplazamiento de la firma del acuerdo de paz con las Farc, las acciones del ELN, el paro armado del Clan Úsuga, la anunciada marcha del uribismo, las protestas sociales, el fallo de La Haya sobre el diferendo con Nicaragua, la corrupción en Reficar, las disensiones en el seno del gobierno y los debates contra algunos ministros.

La golpiza no tiene nombre, tampoco la forma desastrosa como ha respondido Santos. A la defensiva, a destiempo, en un dejar hacer de los partidos miembros de la coalición de gobierno y de sus ministros, en una pasividad enorme frente a los hechos, con una pésima utilización de algunos logros innegables de su mandato.

Empecemos por examinar esto último: lo que tiene para mostrar y no lo hace, o no lo puede hacer. La paz y la infraestructura. El hombre más importante del gobierno, el vicepresidente Vargas Lleras, no promociona las negociaciones de paz, no se mete en ellas, a veces, incluso, a través de su partido Cambio Radical, envía señales de crítica y contradicción. El apoyo a la paz corre por cuenta del Partido Liberal -que tiene todo el andamiaje de la negociación y del posconflicto en sus manos- y del Partido de la U, que se la juega en el Congreso para que salgan adelante las iniciativas que tienen que ver con el proceso.

Pero, a la vez, los avances en la infraestructura vial, en la vivienda, en la obras, no son promocionados por los liberales y La U, porque, dicen, están pavimentando el camino presidencial de Vargas Lleras.