El lenguaje y la política

Por: Walter Aldana Político social alternativo

Dicen que en el vocabulario que utilizamos se explicita el tipo de sociedad que se quiere construir. Es por esto que, en el marco de las campañas electorales, llaman la atención expresiones no incluyentes, estigmatizadoras e incluso que desconocen el valor del otro. También sobresale el hecho de que ciertas ideas o conceptos parecen haberse tergiversado, desgastado o adquirido connotaciones contrarias a lo que sería la construcción de una democracia participativa integral. A continuación, recojo tres de estos conceptos que más llaman mi atención:

Coherencia: entendida esta como consecuencia entre las ideas y las acciones, aplicable en quienes comparten los preceptos de un partido o movimiento, y ahora exigida no a partir de principios básicos (o mínimos base del acuerdo), sino en búsqueda de asemejar o igualar posturas políticas.

Alianzas: hay quienes pretenden que este tipo de acuerdos se hagan de manera vergonzante, partiendo de la clasificación judeo cristiana de “buenos” y “malos”; nosotros los puros contra los aliados, los contaminados, los oportunistas, los acomodados, los que se juegan en sus intereses personales y de grupo.

Anticorrupción: este concepto es el mejor ejemplo del desgaste de una bandera que, por ser el centro discursivo alternativo, pasó a ser aceptado consciente o inconscientemente y parece volverse un lugar común. Convivimos con hechos que demuestran la necesidad de reafirmar y volver a darle valor a la bandera contra la corrupción, por ejemplo: el escándalo del MinTIC por el que casi 70 mil millones de pesos estarían embolatados y que le costó a la cabeza a Karen Abudinen, quien estaba al mando de dicho Ministerio.

Frente al mal uso de las palabras “coherencia”, “alianza” y “anticorrupción”, propongo que es necesario reivindicar expresiones tales como: