El futuro envejece

Por: Naryi Vargas, Investigadora Conflictos asociados al desarrollo-Pares


Los jóvenes han sido, sin lugar a dudas, los protagonistas del conflicto armado en Colombia como víctimas y victimarios. Las economías y mercados de la ilegalidad son uno de los elementos que explican por qué la guerra en Colombia –en los términos de la periodista María Teresa Ronderos– se ha reciclado en distintas ocasiones, entre otras razones, porque no se han generado alternativas que permitan superar las condiciones de exclusión social, económica y política sobre las cuales se sostienen. Desde mediados de los ochenta, las rentas ilegales se convirtieron en el combustible (económico y cultural) que incendió el país al escalar, agudizar y degradar la guerra. En medio de esta tragedia, los jóvenes colombianos se han jugado la vida, construyendo su identidad en medio de situaciones complejas de violencia, debilidad del Estado y pocas oportunidades económicas.

Esta no es una preocupación exclusiva de Colombia. Para 2010, la OCDE señaló que en el mundo 200 millones de jóvenes viven con menos de 1 dólar al día, 130 millones son analfabetos, y 74 millones están desempleados[1]. La criminalidad encuentra en estos jóvenes excluidos un ejército de reserva como fuente inagotable de mano de obra fácilmente reemplazable. Señala además que esta exclusión es uno de los factores que marca las tendencias de la violencia global.

En este orden de ideas, pensar el problema de la ilegalidad con un enfoque de juventud es fundamental para ofrecer respuesta a una de las grandes dudas del postconflicto: ¿Cómo desmontar las estructuras sociales e incentivos económicos que sustentan la proliferación de la ilegalidad?

Desempleo. Partimos de un contexto preocupante: un Estado con grandes debilidades en su capacidad de respuesta institucional, tanto a nivel nacional como en los territorios, que no logra controlar la criminalidad; esto produce entornos violentos en los cuales los jóvenes deben desarrollarse y buscar oportunidades de vida. De acuerdo con la ley 1622 de 2013, se define como joven a la población entre 14 y 28 de años de edad: esta franja poblacional suma un total 12.5 millones de habitantes (cerca de la cuarta parte de la población de Colombia). Para 2017 el desempleo juvenil fue 16.9 por ciento[2], casi el doble de la tasa general na