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El duelo final en Bojayá tras 17 años de espera

Por: Daniela Quintero. Redacción Pares


Después de 17 años, el Estado colombiano confirmó este miércoles la entrega de los cuerpos de la mayoría de las personas que murieron en la masacre de Bojayá, el 2 de mayo de 2002, cuando se encontraban en la Parroquia San Pablo Apóstol en medio del fuego cruzado entre las otroras FARC y un grupo paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).


Por esto, el Estado fue condenado a pagar una millonaria indemnización por su responsabilidad, puesto que, no actuó de manera rápida en la protección de los derechos humanos, de un centenar de personas. Semanas atrás varios organismos, como la Defensoría del Pueblo, advirtieron del riesgo en el que vivían las comunidades y la posibilidad de que quedaran atrapadas por los combates entre estos grupos.


En la masacre, cometida y reconocida públicamente por las FARC, fueron asesinadas 119 personas, de las cuales, unas 80 personas pertenecían a una misma familia: los Palacios. De acuerdo con los relatos de sobrevivientes y de líderes de ese municipio, el 1 de mayo de inició la confrontación entre los dos actores armados, lo cual generó el desplazamiento de muchas familias hacia la iglesia San Pablo.


Tras varias horas de combate que se concentraron en la cabecera de Bellavista, el frente 58 de la exguerrilla lanzó un cilindro bomba al lugar en el que se encontraban refugiados niños, niñas, mujeres embarazadas, y adultos mayores. Al día siguiente, prácticamente toda la población se había trasladado al municipio de Vigía del Fuerte.


Ante el macabro episodio, la comunidad empezó a retornar poco a poco y desde los más jóvenes empezaron a plantear iniciativas para recuperar el tejido social que les fue arrebatado. El trabajo tomó tanta fuerza que varias de las víctimas viajaron a La Habana, Cuba, en el marco de los diálogos de paz con la entonces guerrilla de las FARC.


Ahora es el Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá quien reúne a todas las organizaciones de la región para discutir sobre temas asociados a lo que ocurrió, pero también para hablar sobre temas coyunturales de la región, como lo que actualmente está sucediendo. Hay presencia de nuevas estructuras armadas ilegales como el Clan del Golfo y el Ejército Nacional de Liberación (ELN) que tienen azotada a la población.


Uno de los miembros más representativos de dicho Comité, es Leyner Palacios, quien perdió a gran parte de su familia en ese lamentable suceso. También lo es Yuber Palacios, y quien estuvo en el momento en el que la Unidad de Víctimas realizó el pronunciamiento oficial sobre la entrega de sus familiares.


“Las víctimas quieren que todos los cuerpos de sus seres queridos reposen en Bojayá, es un descanso para los corazones de los habitantes», expresó Palacios en la rueda de prensa.


Los indígenas celebran la noticia


La Fundación Paz & Reconciliación-Pares conversó con el líder indígena, Plácido Bailarín, del resguardo Opogadó Doguadó, de la comunidad boroquera del municipio de Bojayá; y quien hizo parte del Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá.


“Nos alegra mucho que después de tantos años, definitivamente hayan hecho este tipo de acciones para que las familias y las personas que cayeron el 2 de mayo con el cilindro bomba puedan darle una cristiana sepultura como lo han hecho de costumbre”, expresó el líder indígena.


Otro aspecto es el sentido social, del dolor, que como pueblos indígenas han compartido con la comunidad afro. Sin embargo, la noticia de la entrega de los cuerpos es un paso para que las familias afectadas puedan sentirse un poco tranquilas.


En esa masacre no hubo víctimas indígenas, las víctimas en su gran mayoría fueron de la comunidad afro. De todas maneras, cuando ocurren casos de estos la guerra no diferencia. Y la mayoría de las personas eran amigos o conocidos, por lo cual, afectó de forma generalizada a la región que ha vivido durante siglos en un contexto interétnico.


“El que se atraviesa en medio de las balas, cae. A cualquiera de nosotros le hubiera podido ocurrir, entonces en ese sentido nos sentimos afectados porque el territorio que entre los indígenas y los afros compartimos en este caso el municipio de Bojayá, es un solo”, agregó.


En la actualidad, ambas comunidades mantienen un diálogo de respeto, un diálogo de solidaridad, de hecho, como organizaciones indígenas y como organizaciones afro a través de los cabildos indígenas, y los consejos comunitarios han fortalecido la comunicación en toda la región.


La reconstrucción del tejido social


En primer lugar, fue necesario mantener la relación interétnica, esa relación interétnica entre líderes y afros ha jugado un papel importante. También fue indispensable la concientización de las comunidades indígenas, para que todos pudieran entrar a contar lo que pudo haber pasado y lo que pasó.


“La comunidad ha estado a la expectativa de este resultado de los cuerpos, por lo menos ya hay una información oficial donde las comunidades saben que los restos de todas estas víctimas van a ser devueltas. Este papel va a ser muy a favor y fundamental porque cada uno ya sabe dónde va a estar, o dónde va a tener a su ser querido”, agregó Plácido.


Cabe destacar que, a lo largo de esa reconstrucción de la verdad a través de los relatos y experiencias por cada una de las víctimas, se ha realizado un trabajo amplio en materia de reparación. Pero el trabajo no termina, el hecho de recibir el cuerpo es parte del duelo, y de acuerdo con el líder indígena este es un proceso constante.


Por lo pronto, el próximo 18 de noviembre se realizará un acto de conmemoración con los cuerpos, con los cuales harán un recorrido por Bellavista y el posterior entierro. Y entre otras actividades de reparación simbólica la comunidad de Bojayá plantará cerca de 100 árboles en Bellavista y algunos en el corregimiento de Pogue.