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El caso Flor: violencia, discriminación y negligencia por parte de la EPS Salud Total

Por: Yesica Cortés

Docente universitaria, filósofa y activista feminista




Durante su primer año, el gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez llevó al Congreso el debate sobre los cambios necesarios en el sistema de salud en Colombia en forma de proyecto de reforma. Sin embargo, la eventual pérdida de poder que actualmente tienen las EPS como garantes y organizadoras del acceso al plan obligatorio de salud para todxs lxs colombianxs, hizo que se cayera la tan esperada reforma.


Esta pugna de intereses sobre el lugar que tienen las entidades privadas de ser garantes de los derechos de la ciudadanía y la necesidad para que sea el Estado el que se encargue de esta tarea tiene unos efectos vitales sobre la vida y la dignidad de las personas. El caso de Flor, una trabajadora de la Secretaría de Educación de Bogotá (SED), da cuenta del impacto sistemático sobre la salud física, emocional y mental de la visión que se maneja desde las entidades privadas al comprender los derechos como servicios.


El capitalismo, como sistema que atraviesa todas las esferas de la vida humana y no humana, organiza las formas como nos relacionamos con nosotrxs y con lxs otrxs en torno a la producción y reproducción de la vida. El valor de una vida se determina por la capacidad de ser funcional al sistema, de modo que, en la pirámide de las jerarquías, unos cuerpos valen y cuestan más que otros, así mismo son vistos, escuchados y validados por la sociedad y sus instituciones. En Calibán y la Bruja, Silvia Federici narra cómo los cuerpos de las mujeres de edades mayores, en la baja edad media, eran enviadas a la hoguera a título de ser brujas. Estas mujeres, narra Federici, poseían saberes medicinales, políticos y culturales, eran también quienes cuidaban y tejían socialmente los territorios y, por estas razones, entre muchas otras, representaban un peligro para el tránsito de un modo de producción feudal a un modo de producción capitalista. Estas mujeres estaban lejos de ser obsoletas a la hora de construir sociedad, la cuestión era: ¿qué tipo de sociedad?


La caza de brujas quizás no ha cesado, se ha transformado en múltiples y diferentes formas de aniquilar física, mental, emocional, cultural y económicamente a las mujeres. Una de estas formas es la violencia y negligencia institucional, incluyendo aquí a las entidades privadas que fungen como garantes de derechos.


Flor cuenta que lleva más de 20 años trabajando para la SED, en esta entidad se ha desempeñado como secretaria académica de un colegio distrital en el suroriente de la ciudad. Allí ha establecido un universo de relaciones con quienes son el público; familias, estudiantes; con quienes han sido sus compañerxs de trabajo; profesorxs, administrativxs, jefxs; y, por supuesto, con el territorio en el que se encuentra el colegio. Todxs cambian, van y vienen, y ella sigue allí, su trabajo ha sido vital para el sostenimiento de esta institución educativa, sus largos años de experiencia, así como sus ansias de innovar en los procesos administrativos la han hecho un pilar fundamental de este escenario, así como la han convertido en alguien querida y recordada por las personas que han pasado por esta institución. Su trabajo ha sido también una labor de cuidado de lxs otrxs que ha tenido como consecuencia una afectación a su salud y a la manera en cómo se relaciona actualmente con su espacio laboral. A finales del 2017, un especialista en ortopedia le dictaminó lesiones en el manguito rotador, que es un grupo de músculos y articulaciones que permiten la movilidad del hombro y el brazo. Esta alteración produce dolor, debilidad y la reducción de la movilidad de esta extremidad del cuerpo. Las causas de estas lesiones se producen por los movimientos repetitivos que, por lo general, se realizan en el trabajo con archivo y de digitación. El especialista la remitió al médico laboral, quien la remitió a la ARL para que cubriera la cirugía de Flor por enfermedad laboral. La ARL envió el caso la Junta Regional y Nacional de Calificación de Invalidez, quienes, después de dos años, emitieron la negativa a la solicitud del médico y de la funcionaria pública determinando que esto no era enfermedad laboral, sino general.


Ya en el 2020 se sumó a la enfermedad de Flor el diagnóstico de otros especialistas que dictaminaron osteoporosis, discopatía lumbar, migraña, vértigo, hipertensión, fibromialgia y, finalmente, trastorno mixto de ansiedad y depresión. Todas las anteriores son afectaciones degenerativas que han reducido significativamente la calidad de vida de la trabajadora de 50 años, quien actualmente está al 56% de sus capacidades físicas para laborar, según un examen de funcionalidad de la fibromialgia. Su calvario actualmente ha sido que la EPS Salud Total le dé una cita médica con medicina laboral para que esta remita a la aseguradora SURA y que desde aquí se ordene a la SED hacer los ajustes razonables establecidos por la ley 1618 de 2013[1] “por medio de la cual se establecen las disposiciones para garantizar el pleno ejercicio de los derechos de las personas con discapacidad”, y se proceda a hacer las adecuaciones necesarias en su lugar de trabajo para hacerlo más ameno de acuerdo a sus necesidades físicas, sensoriales, psicológicas, entre otras. Lo que se ha encontrado doña Flor es una cadena sistemática de negligencia, violencia y discriminación que le impiden acceder al derecho legítimo a trabajar en condiciones dignas y favorables para su salud, así como en igualdad de condiciones a lxs demás.


Flor dice que la sensación térmica de frío en su espacio laboral empeora su enfermedad y la convierte en un padecimiento constante, así como las labores de movimientos repetitivos que siguen deteriorando su movilidad. Los especialistas, si bien han hecho los diagnósticos, se han negado a dar las recomendaciones para el puesto laboral en razón de que esto no les corresponde a ellos sino al médico general. El médico general se niega también a dictaminar los ajustes y remitir a la ARL, y la devuelven a los especialistas. La semana pasada, la EPS respondió a una carta de la trabajadora negando la posibilidad de recibir atención e información clara y pertinente para que pueda llevar a cabo el proceso de solicitud de los ajustes razonables, creando una barrera actitudinal, comunicativa, de rehabilitación funcional e integral, puesto que se le han negado también terapias para mejorar su salud. De esta manera, cabe la pregunta: ¿quién cuida a las que nos cuidan? La red de apoyo y reconocimiento en el espacio laboral de Flor se ha disminuido también junto a su salud, lo cual, junto a las otras violencias, promueven un deterioro de la vida de la trabajadora.


Flor es enfática en explicar que ella todavía tiene mucho para dar, aportar y construir, pero desearía hacerlo en condiciones dignas, recibiendo el cuidado y la atención que por años ha dado en su trabajo. Este caso, entre muchos otros, nos debe cuestionar como sociedad sobre los efectos nocivos e irreversibles del capitalismo sobre los cuerpos de las mujeres y sobre los cuerpos enfermos, sobre cómo la caza de brujas se ha venido transformando en dispositivos de invisibilización, de aislamiento y de negligencia por parte de las instituciones que deben garantizar y proteger los derechos de todas las personas.


Así mismo, es necesario posicionar la urgencia de una reforma a la salud desde una perspectiva humana y del cuidado, en donde los recursos sean administrados por el Estado, de modo que se pueda ejercer un control sobre los prestadores de este “servicio”. Así mismo, que la ciudadanía pueda ser partícipe de las decisiones tomadas por los agentes de salud. Y, entre otros elementos y situando el caso expuesto en este artículo, que se pueda reestablecer el sistema de referencia y contrarreferencia[2] con el cual se atienda de manera oportuna y eficaz la salud de la ciudadanía.


*Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.




 



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