El campo será clave para la reactivación del país

Por: Jairo Alexánder Castaño. Investigador regional. Oficina Pares Pacífico


La desigual distribución de la tierra es un factor histórico y estructural que marca las realidades rurales de Colombia, América Latina y el Caribe (ALC) en el presente. Al parecer, será en las economías campesinas podremos encontrar respuestas a los retos en producción de alimentos y reactivación económica que deja en evidencia la crisis por la pandemia.


Tal y como lo explicó el analista económico Salomón Kalmanovitz en entrevista realizada por Pares: La idea es tratar de hacer todo lo que podemos hacer nosotros por nuestros propios medios y por el contrario, venimos perdidos por estar colgados a la lotería de las materias primas. Entonces, este es un momento como de sinceramiento con nuestras reales posibilidades y de recurrir a nuestro potencial y a nuestra fuerza de trabajo y a nuestros recursos naturales.


De acuerdo con el último informe realizado por OXFAM (2016) sobre la distribución de la tierra en el mundo, la región ha empeorado en sus indicadores y arroja un coeficiente de Gini de 0,76; superando ampliamente otras regiones del planeta como Asia (0,55), África (0,56) y Europa (0,57).


En la sub-región suramericana el coeficiente se eleva fuertemente a un promedio de 0,85, siendo Paraguay (0,93), Chile (0,91), Colombia (0,88) Venezuela (0,88) y Brasil (0,77), los cinco países con la mayor desigualdad en la distribución de la tierra según este indicador (2016, p. 22).


En el caso específicamente colombiano, el aspecto más preocupante de la radiografía de la desigualdad es la extrema concentración y la bipolaridad/dualidad estructural en el reparto de la tierra.


Colombia: el caso más dramático de la región


De acuerdo con los resultados del Censo Agropecuario 2014, las explotaciones de más de 500 hectáreas, las cuales representan únicamente el 0,4% de todas las explotaciones agropecuarias, concentran el 67,6% de la tierra productiva.


En el otro polo, el 81% de las fincas de la agricultura familiar y de pequeños productores en extensiones iguales o menores a 10 hectáreas (aunque el promedio general del tamaño de estas fincas es de 2 hectáreas), ocupan únicamente el 4,92% de los suelos productivos, lo que ubica a Colombia como el caso más dramático de desigualdad en la región.


Con respecto al régimen o las distintas formas de tenencia de la tierra que fueron informadas en el censo del Dane, preocupa el hecho que el 42,7% de las explotaciones de más de 2000 hectáreas respondieron no saber el tipo de tenencia.


Es decir, aproximadamente 17,3 millones de hectáreas se encuentran en una incertidumbre jurídica al no ser posible identificar su forma de tenencia, lo cual encubre en el fondo los procesos de despojo y apropiación violenta e ilegal de tierra y, por supuesto, una enorme evasión fiscal por parte de la gran propiedad.


Radiografía de la explotación de la tierra en Colombia


Si bien los datos sobre la distribución de la tierra en Colombia permiten identificar la extrema concentración y la desigualdad como una característica estructural que afecta de manera negativa la agricultura familiar en el país, también es importante tener en cuenta los resultados del Censo Agropecuario en términos de las características estructurales del uso de la tierra y cuál es la situación de la agricultura familiar campesina e indígena a este respecto.


Los datos oficiales del Dane presentados en el informe de resultados del Censo agropecuario muestran que en total se censaron 111,5 millones de hectáreas, de las cuales el 38,6% (43 millones de hectáreas) tienen uso agropecuario, el 56,7% (63 millones de hectáreas) se mantiene con superficie de bosques naturales y el 4,7% (5,2 millones de hectáreas) se distribuye en áreas con usos no agropecuarias como vías, mobiliario urbano, infraestructura, y especialmente las explotaciones mineras, que ocupan el 1,8% del territorio nacional (2,1 millones de hectáreas).


Siguiendo con los resultados sobre el uso de la tierra, el censo muestra que de las 43 millones de hectáreas con vocación agropecuaria, el 80% (34,4 millones) se dedican a la ganadería, mientras que únicamente el 20% (8,5 millones de hectáreas) se dedican a la agricultura.


De acuerdo con lo anterior, de las 22 millones de hectáreas cultivables que se estiman como potencial para la agricultura, únicamente se estaría utilizando el 38,6% del suelo con vocación agrícola; en contraposición, la actividad ganadera, cuyo potencial estimado es de 15 millones de hectáreas, duplica su uso potencial y presenta un desfase del 229%.


Una vaca tiene más tierra que un campesino


OXFAM calcula otro indicador muy interesante a partir de las cifras del uso del suelo en la ganadería y muestra que una vaca en Colombia dispone en promedio de 1,6 hectáreas, mientras que aproximadamente 1 millón de unidades de agricultura familiar campesina e indígena poseen menos de ese promedio de tierra (p. 23), de ahí la triste y célebre frase en Colombia una vaca tiene más tierra que un campesino.


Profundizando un poco más en el tema del uso de la tierra para entender cuál es el contexto de la agricultura familiar campesina e indígena a partir de los resultados del Censo Agropecuario 2014, es crítico el panorama de crecimiento de los monocultivos agroindustriales y el decrecimiento de la producción diversificada de alimentos.


Este panorama inquieta porque como lo muestran diversas investigaciones y desarrollos de política pública (en países como Brasil, Uruguay, Holanda), la producción de comida saludable y de forma sustentable es uno de los ejes centrales de los 17 objetivos de desarrollo sustentable de las Naciones Unidas planteados en su agenda de acciones al año 2030.


En Colombia, de acuerdo con los datos del Censo sobre el uso agrícola del suelo, actualmente 3 millones de hectáreas (35,4% del total) se dedican a monocultivos agroindustriales entre los que sobresalen el café, la palma africana y la caña para producción de azúcar y biodiesel.


En términos de la superficie cultivada, los datos muestran otra tendencia preocupante y es que los cultivos permanentes destinados principalmente a la agro-exportación se han expandido hasta ocupar el 75% de la superficie total cultivada, mientras que los cultivos transitorios destinados principalmente a la alimentación ocupan solamente el 16% de la superficie total cultivada (en el año 1960 ocupaban el 56%).


Estos datos nos muestran la profundización del modelo de desarrollo neoliberal en Colombia y la subordinación del sector agrícola a la explotación de la “ventaja comparativa” en el contexto de la división internacional del trabajo y el mercado de commodities, lo que aumenta la vulnerabilidad de agricultores y consumidores por la volatilidad de los precios de los mercados internacionales de alimentos.


Los grupos étnicos y la agricultura familiar


En el Censo se consideran territorios de grupos étnicos a las tierras tradicionalmente ocupadas por comunidades indígenas, negras, raizales del archipiélago de San Andrés y providencia y comunidades de palenqueros; estos territorios étnicos ocupan el 35,7% de la superficie total censada, es decir 39,9 millones de hectáreas.


En Colombia, los pueblos y comunidades indígenas ocupan la mayor parte de la territorialidad étnica nacional con un 84,2%, le siguen las comunidades negras ubicadas principalmente en los municipios del andén pacífico y el departamento del Chocó, ocupando el 15,7%; y el 0,01% es territorio Raizal y de comunidades de Palenqueros.


Es importante destacar aquí que la mayor parte de estos territorios no poseen vocación agropecuaria, se trata de extensas áreas de conservación ambiental que se encuentran cubiertas en bosques (90,8% equivalentes a 36,2 millones de hectáreas).


Y aunque los pueblos y comunidades tradicionales históricamente habitan y protegen estos territorios, y por ende contribuyen a la mitigación del cambio climático y la protección de la biodiversidad, en la actualidad, buena parte de ellos se encuentran fuertemente amenazados por mafias violentas de la explotación ilegal maderera, de cultivos de coca, ganadera, minera, entre otras.


Debido a que en los territorios de grupos étnicos la mayor parte de la tierra está cubierta por bosques (87,2%), únicamente el 9,9% (3,9 millones de hectáreas) de estos territorios tiene uso agropecuario, en el caso indígena, estos porcentajes son del 89,3% de cobertura en bosques (los mayores conservacionistas del país) y 8,2% en uso agropecuario.


Llama la atención –y causa desconcierto entre los empresarios agroindustriales- que en los territorios indígenas un cuarto del área con uso agrícola se destina a dejar descansar/enbarbechar la tierra (Dane, 2014B, p. 12).


Es importante destacar que el Cauca es el departamento donde se concentra el mayor porcentaje de productores agropecuarios indígenas del país con el 23,5%. En términos del auto-consumo y el destino de la producción, el 75,3% de las Unidades de Producción Agropecuaria Indígenas (UPAI) declaro tener lote para autoconsumo y el 42,7% destina su producción a este fin (DANE, 2014B, p. 26).


Sostenibilidad de la economía campesina/indígena


La sostenibilidad de la agricultura familiar identifica en el autoconsumo un elemento estratégico de la reproducción de la unidad doméstica, en ese sentido, los territorios de grupos étnicos tienen una fortaleza estructural observada en el alto porcentaje que declaró tener lote y producción destinada para cultivos de autoconsumo.


No obstante, es primordial considerar aspectos estratégicos como las relaciones con el mercado y la forma como se dan esas relaciones (cadenas de comercialización largas o cortas).


En ese sentido, el Censo muestra que en los territorios indígenas son importantes las formas de intercambio en el mercado como el trueque (7,2%), las cadenas cortas de comercialización representadas en las ventas en la plaza de mercado local (10,7%) y la venta a cooperativa (9,1%).