El 28 de abril y la maduración democrática de la sociedad colombiana

Por: Luis Eduardo Celis


Se ha cumplido un año del inicio de la más formidable protesta ciudadana de toda nuestra historia republicana, no hay parangón por lo amplia, diversa, extendida y sostenida. Inició convocado por las centrales sindicales y otras organizaciones sociales y políticas, le pusieron la fecha del 28 de abril, pero no fue el clásico paro de una marcha y cierta anormalidad en el transporte y ya, nada de eso, fue el inicio de una sostenida acción de calle, donde los protagonistas fueron los jóvenes que gritaron de mil maneras que están hartos de las exclusiones y la inequidad, de la falta de democracia de calidad, de la falta de respeto y dijeron con claridad que desean y van a luchar por cambios.


Colombia ha vivido masivas movilizaciones ciudadanas, se han movilizado los estudiantes por el derecho a la educación, se han movilizado indígenas, afros y campesinos por el derecho a la vida, por el territorio y por la paz, y ahora hemos visto a cientos de miles de jóvenes exigiendo cambios y transformaciones en este injusto orden social, donde no hay derechos universales y sí muchos privilegios para pocos y exclusión en muchos órdenes para millones.


Toda esta energía social volcada a las calles, y sobre todo esa energía juvenil, fue respondida en muchos momentos y en muchos territorios con violencia, que deja más de ochenta muertos, en su inmensa mayoría hombres jóvenes, lo cual es nueva evidencia de que ante la protesta legítima y fundamentada no se responde con diálogos y concertaciones, sino con la fuerza de la bala que aniquila vidas. Eso es inaceptable y debe llevarnos a redoblar esfuerzos por transformar estas políticas de injusticia y exclusión, para transitar hacia políticas que promuevan derechos y busquen mayores oportunidades en una sociedad que ya es la más desigual del continente, solo por debajo de Haití y entre las más desiguales del mundo.


Con la protesta sostenida del año 2021 se ha creado el referente claro y contundente de que se requieren cambios en la sociedad colombiana, que estos cambios deben promover políticas que trabajen por una ciudadanía de mayor calidad, que la pobreza no sea el flagelo para más de la mitad de la población, y que hay que volver a pensar en un contrato social que haga realidad que vivimos en un estado social y derecho, como lo dice la Constitución del 91, que para muchos territorios y comunidades es letra muerta, que hay que llevar a la vida real, dando condiciones y promoviendo derechos, no negándolos.


Hay muchos mensajes de esta protesta: hay cansancio, hay inconformidad, hay rebeldía y no hay resignación con este orden social injusto, con los atropellos de las instituciones, hay una juventud que ha levantado la voz y las cosas deben cambiar.


En este debate presidencial en curso está claro que la disputa está entre continuidad con este orden antidemocrático o avanzar hacia las transformaciones que se expresaron en esta formidable protesta y todo indica que va a ganar el cambio.