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Cuando Uribe quiso meterle la mano a la Constitución, pero fracasó en su intento

Por: Iván Gallo




Una de las escenas más bizarras de la historia política de Colombia ocurrió en uno de los baños del Palacio de Nariño. Álvaro Uribe Vélez, todopoderoso presidente de la República, se le arrodillo a la congresista Yidis Medina. Hija de un mecánico y una enfermera, había nacido en la zona rural de Barrancabermeja, a duras penas terminó el bachillerato y no tuvo los recursos para terminar su carrera de sicología. Llegó al consejo de Barranca por su campaña con madres cabezas de familia y fue congresista apenas por 90 días, ya que era la suplente del político santandereano Iván Díaz Mateus -hermano del actual gobernador-, pero esto le bastó para ser la protagonista de uno escándalo que no han podido borrar los uribistas de la memoria de este país. Su voto era fundamental para lograr la modificación de la Constitución y lograr la reelección de Álvaro Uribe en 2006. Por eso, además de las promesas de dádivas, Uribe se arrodilló en pleno baño del palacio presidencial a suplicarle a Medina quien jamás, en sus sueños más estrafalarios, pudo visualizar que un hombre de tanto poder pudiera postrarse ante ella como si fuera una estatua.


 Este episodio lo ha negado gente cercana al expresidente como su ex secretario general Alberto Velásquez, está suficientemente documentado para creerlo. O, en el peor de los casos, podría ser una metáfora de la desesperante necesidad de Álvaro Uribe Vélez para seguir mandando durante cuatro años más.


Es que desde que fue elegido en marzo del 2002, la reelección fue uno de los objetivos directos de Uribe. Lo lograron gracias a lo que sería considerado como la Yidispolítica. Pero querían más. Una vez consigue, otra vez de manera arrasadora y en primera vuelta, su reelección, su equipo de campaña intenta lograr una segunda reelección.


El 10 de octubre del 2007 el secretario general de la U -partido al que pertenecía Álvaro Uribe- Guillermo Giraldo, hizo oficial la propuesta de convocar un referendo y que fuera el candidato, por tercera vez consecutiva, para presidente en el 2010. Un mes antes de esta propuesta las FARC habían cometido uno de sus crímenes más atroces, la ejecución de 11 de los diputados de la Asamblea del Valle, quienes habían sido secuestrados en el 2002. La masacre generó marchas y el repudio hacia las guerrillas y a todo lo que oliera a izquierda se extendía por el país. Las FARC, con su estupidez, había hecho aún más fuerte a Álvaro Uribe. El uribismo en pleno tenía confianza de que lo podrían lograr.


Se necesitaba del 5% del censo electoral para conseguir que fuera aprobado al menos la posibilidad de hacer el referendo. Eso era, en plata blanca, recolectar  1.403.068 firmas. Después de intensos debates en el Congreso en donde cuestionaban la transparencia del referendo, la U entregó a la Registraduría, el 11 de agosto del 2008, más del doble de lo que necesitaban: 5 millones de firmas. De estas, según recordó en su momento la Revista Semana, sólo fueron validadas 3.9 millones. El 10 de septiembre del 2008 se presentó, como proyecto de ley el referendo reeleccionista.


Pero empezaron a llover los problemas contra esta intención. En un artículo de la Revista Semana publicado en el 2010 se explica la investigación que siguió el CNE en donde no convenció la versión de Guillermo Giraldo en donde explicaba de dónde habían salido los 2.046 millones que costó la financiación de la recolección de firmas. Escarbando apenas la superficie el CNE se dio cuenta que las firmas se habían trasladado a través de Transval, una firma que pertenecía a David Murcia Guzmán. El estrambótico empresario había sido detenido el 19 de noviembre del 2008 acusado de haber realizado, a través de su empresa, la captadora de recursos DMG, realizar negocios ilegales como lavado de dinero y esquemas piramidales.


Mientras tanto al uribismo le iban estallando escándalos que, aunque no le afectaban una favorabilidad del 75%, gracias a golpes dados a las FARC como el éxito que obtuvo su Operación Jaque, si iban desmoronando por dentro a su movimiento. La fallida desmovilización de los paramilitares, la parapolítica, y las ejecuciones extrajudiciales de civiles que eran pasados por guerrilleros para mejorar las cifras del ejército, que, en épocas de Seguridad Democrática, se medía su eficiencia con base a los litros de sangre que presentaban, eran las gotas que poco a poco se convirtieron en aguacero.


El entusiasmo de los seguidores de Uribe rozaba el servilismo, pero esta abnegación no les libró de la falta de rigor. El proyecto de ley resultó fallido porque la pregunta que se le haría a los colombianos en el referendo estaba mal formulada y anulaba la posibilidad de que pudiera aspirar a la presidencia en el 2010, tendría que esperar hasta el 2014. Uribe entró en su espectro de furia y se le notó su talante autoritario cuando quiso imponer a la fuerza el referendo, llamando a sesiones extraordinarias a la Cámara en donde su partido era mayoría. Además, las irregularidades salían una tras otra hasta el punto que el 25 de marzo del 2008 el CNE encontró suficientes razones para arrancar una investigación.


Pero Uribe le había puesto anfetaminas al referendo y pasaba cualquier obstáculo que se le presentara. La única mano que pudo atajarlo fue la Corte Suprema de Justicia. Arrancando el 2010 la Corte Constitucional votó 7 contra 2 y hundió el referendo reeleccionista. Uribe estaba en Barranquilla cuando se enteró de la noticia, tragó saliva y aceptó la decisión argumentando que "Bienvenida siempre la participación, con acatamiento a la Constitución, a las normas legales y con sometimiento a las instituciones de derecho (...) competentes para hacer respetar la ley". Desde ese momento consolidó como uno de sus enemigos más enconados a los miembros de esa corta, destacando, por encima de todos, al actual ministro de Defensa Iván Velásquez. Uribe tenía como plan B a Andrés Felipe Arias, quien no ganó la consulta del partido conservador y tuvo que agarrarse del hierro que estaba más caliente: su ministro de defensa, Juan Manuel Santos, quien su intención de hacer un gobierno independiente del uribismo, fue interpretado por estas huestes como alta traición.


No, Petro, no sería el primer presidente en haber anunciado una probable intención de llamar a una nueva constituyente. Esta ha sido una tentación constante de los que se sientan en el solio de Bolívar.

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