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¿Cuántos desaparecidos hay en estas montañas?

Por: Red de Organizaciones Sociales y Campesinas de Norte y Bajo Cauca


En nuestros territorios se han concentrado las guerras de las últimas cuatro décadas. Hemos sido testigos directos de sus innumerables efectos. Por ello nos ha tomado un largo tiempo decidir si era prudente o no comenzar a escribir sobre la situación actual de los Derechos Humanos en el Nudo del Paramillo. Esto, sin duda implica hablar de dinámicas propias de los grupos presentes y abrir la puerta a las consecuencias adversas que esto trae para las comunidades y organizaciones sociales, principalmente, debido a las estrategias sociales y militares que sus estructuras han venido desarrollando para ejercer control sobre del territorio.


Nuestra base y sustento para este modesto escrito es la experiencia de haber sobrevivido las diferentes etapas de las operaciones Militares derivadas del Plan Colombia, de la Guerra que desarrollaron el Bloque José María Córdoba de las antiguas FARC-EP y, además, de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá – ACCU, entre 1997 y 2006.


Sobrevivir a estas guerras nos fue enseñando a la fuerza los puntos geográficos sensibles y de importancia en la guerra pasada -puntos que hoy siguen siendo estratégicos para los actores armados que abierta disputa buscan controlarlos y que son constantemente ampliados y modificados por las grandes empresas que intervienen en el territorio-.


Curiosamente, esos lugares fueron entregados por las FARC-EP al Estado colombiano para que asumiera su control en el marco del acuerdo de PAZ, pero actualmente el gobierno Duque reconoce que siguen siendo escenarios de disputa armada. Allí, la confrontación produce una constante vulneración de los Derechos Humanos de las comunidades y las organizaciones sociales.


Desde las comunidades, tuvimos la esperanza en que la llegada del Estado se traduciría en la posibilidad de hablar, buscar y encontrar nuestros desaparecidos. Pero no fue así, para esta realidad parece que no existieran las garantías que requerimos los familiares y organizaciones sociales que indagamos y buscamos. Los pocos ejercicios de reconstrucción de memoria y verdad que logramos realizar antes de que se desatara la actual disputa armada nos permitieron comprender que el fenómeno de desaparición forzada en estos territorios es más complejo y diverso de lo que se ha descrito e investigado, pero la violencia coartó este proceso.


Para nosotros, el fenómeno de desaparición forzada ha ocurrido de manera dispersa, más que concentrada. No obstante, en la región la discusión sobre el comportamiento de la desaparición forzada se ha centrado, sobre todo, en subrayar lo ocurrido en una de las fronteras del Nudo del Paramillo: la zona que comprende el área de inundación de la Represa de Hidroituango. Esto es importante resaltarlo porque el territorio que estuvo en disputa entre las FARC-EP, las ACCU y el Estado colombiano entre 1996 y 2006 fue el Nudo del Paramillo en su totalidad, lo cual implica un espacio más amplio y complejo que una sola de sus fronteras.


Sentimos que esa visión induce a errores de análisis que van quitándole fuerza y posibilidades de búsqueda de desparecidos a otros lugares y fronteras importantes.


Cuando se dice que hay más de 1.900 casos de desaparición forzada ocurridos en el marco del conflicto armado en este territorio, de inmediato suele pensarse que están bajo las aguas de Hidroituango. Esto sería comprimir el complejo desarrollo del conflicto armado a un lugar. Es decir, tendríamos que aceptar que la guerra por el control de Nudo del Paramillo y sus estrategias de violencia se desarrollaron dentro del polígono de inundación de Hidroituango y esto está lejos de ser cierto. El grueso del conflicto no se desarrolló en esta parte de la frontera.


Aclaramos, por supuesto, que no estamos negando esta dolorosa realidad ni lo que ocurrió allí. Es un hecho que las aguas y los ríos de Colombia se convirtieron en una fosa común. Sin embargo, sentimos que es necesario ampliar y visibilizar mucho más las posibilidades de compresión de esta realidad.


Decimos que es un fenómeno disperso por el comportamiento de los grupos armados entre 1996 y 2006, por la estrategia que desarrollaron las ACCU para expulsar la insurgencia y por las estrategias que utilizó el Bloque José María Córdoba para mantenerse en el territorio.


Está claramente documentado en diferentes investigaciones que los grupos paramilitares cercaron los perímetros de los pueblos y regiones para asfixiar logísticamente a la insurgencia y que una vez podían ingresar aplicaban la política de “tierra arrasada”.


En esa estrategia de cerco lo que finalmente terminaron controlando mediante retenes y puntos de control fueron las vías de transporte de los campesinos y las comunidades y, por ende, las alternativas y formas de movilidad de la población civil. En estos retenes fueron asesinados muchos campesinos y campesinas y una cantidad importante también fueron desaparecidos y desaparecidas.


Como constancia de estos hechos quedaron a lo largo de las vías los “calvarios”; cruces y lápidas que se ponían conmemorativamente y que guardaban la memoria de quienes fueron arrebatados violentamente. En la ampliación de carreteras para Hidroituango estos fueron removidos por parte de EPM, llevándose las marcas de familiares y seres queridos sobre las desapariciones. Fotografías: Red de organizaciones sociales y campesinas del Norte y Bajo Cauca

Cuando finalizamos ese ejercicio de reconstrucción de memoria concluimos que la mayoría de nuestros desaparecidos se perdieron en esos puntos de control o retenes que se instalaron en las vías intermunicipales, secundarias, veredales y en los caminos de herradura.


Solo basta pensar en aquellos que conducen de los llanos de Cuiva al municipio de Ituango, o del casco urbano de Ituango al corregimiento de la Granja y al de Santa Rita, para cuestionarse sobre cuántas personas pudieron desaparecer en más de 20 retenes ubicados en estos trayectos.


Para que nunca se olviden, queremos nombrar aquellos que hemos documentado y en los cuales asesinaron campesinos y campesinas y relatos de desaparición forzada:


Retenes o puntos de control en la vía que conduce al municipio de Ituango desde los llanos de Cuiva.

– Llanos de cuiva

– Partidas de san José de la montaña

– El barro

– Alto seco

– Las partidas de san miguel

– Los naranjos

– Quebrada del acerradero

– Quebrada Taque

– La matanza

– Cuni

– Tacui

– Pescadero

– El bombillo

– Mote

– El libano

– Los galgos

– Agualinda

– La trituradora

– Filo de la aurora


Retenes o puntos de control de grupos armados en la vía que conduce del municipio de Ituango a los Corregimientos de la Granja y Santa Rita

– Filo del tejar

– Las chambas

– El rio

– La partidas para quebrada del medio

– Palmitas

– La poloma

– La graciana

– El sancudo

– La cumbre

– Partidas de pascuita

– El alto el burro

– Ventiadero

– Arenales


Hay que seguir insistiendo en conocer la verdad del conflicto armado en nuestras regiones y más cuando la violencia actual nos quiere quitar esta posibilidad. El universo de las personas desaparecidas en estos territorios no está claro, pero si sabemos del dolor que sienten madres, padres, hijos y hermanos al no encontrarlos. Es lo mismo que sentimos nosotros. También recalcamos que los familiares de los combatientes de las ACCU, de las antiguas FARC-EP y de las fuerzas militares tienen el mismo derecho a encontrar sus hijos perdidos en estas tierras del Nudo del Paramillo en una guerra que sinceramente pensamos que había acabado.


A ellos y ellas este poema:


EN ALGÚN LUGAR ESTÁN

Debajo, al lado, Arriba; quizás en el Corazón del árbol, en el moho de la roca o en la nube están. En algún lugar.

Tal vez el viento y los espíritus; los duendes y las hadas; los grillos y las aves; tal vez, las hormigas o los peces sepan el lugar. Alguien debe saber dónde están.

En algún lugar escondidos duermen a la fuerza, de a uno, de a dos, de a muchos; los esconden solos, pero también juntos.

Debajo; en los suelos de esta indomable tierra están los que han sido buscados y no encontrados, los que nunca serán buscados, los ya encontrados y escondidos de nuevo.

Al lado; en los bosques están los abandonados, que los grillos, las hormigas y las aves escondieran en sus vientres. En los hormigueros, nidos, ramas y árboles están.

Arriba; en las nubes están aquellos que escondieron en los ríos y el tiempo fusionara con el agua hasta transformarlos en vapor.

En la infinidad del silencio están hasta que la voz de las historias los vuelve sonido; en el recuerdo y amarga ilusión de la esperanza están aferrados con tanta fe como dolor, esperando ser encontrados.

En la voz; en las historias y el recuerdo están sus espíritus cuidados por duendes y hadas.

¡Aquí están!

¡En estas tierras están!

Más de 2.000 casos de desaparición forzada en nuestro territorio ¿cuántos escondidos en estas montañas?

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