COMUCCOM: una apuesta de paz desde Puerto Guzmán, Putumayo

Por: Sergio Saavedra. Periodista Pares.


Un año después de la firma del Acuerdo de Paz, el 24 de noviembre 2016 en el Teatro Colón, mientras la sociedad colombiana recibía el balance de lo que había sido el primer año de implementación de paz, en la vereda La Carmelita —entre el corredor Puerto Vega-Teteyé— en el ETCR Heiler Mosquera (Putumayo); nacía la cooperativa que con el tiempo se llamaría COMUCCOM o La Granja COMUCCOM como denominan a su espacio de paz.


Un 24 pero de marzo de 2020, en la Vereda Los Corrales, finca La Siberia, la Cooperativa Multiactiva Comunitaria del Común (COMUCCOM); realizó su primera siembra de 12 mil alevinos rojos de tilapia roja. Sin duda, dicho por los y las integrantes de COMUCCOM, esta es una revancha contra la adversidad. Su apuesta por la paz, en pleno corredor vía Puerto Guzmán en donde, según la prensa se pasea la temible caravana de la muerte, florece la voluntad inquebrantable de COMUCCOM. Hoy por hoy, han completado su segunda siembra y, a pesar de las vicisitudes del virus, continúan con su labor.


Ponerle el pecho a la brisa


A pesar del riesgo latente que representa el asesinato de firmantes de paz, que, para el caso putumayense, ha cobrado este año la vida de Daniel Jiménez (Puerto Guzmán) y de Juan Carlos Castillo (Carmelita) — de hecho, la violencia les ha arrebatado antes compañeros de la cooperativa—; el trabajo por la paz continúa firme, señala Armando, uno de los fundadores de COMUCCOM.

Frente a este periodo de cuarentena, Armando —uno de los fundadores de COMUCCOM—cuenta que han tomado las medidas pertinentes aprovechando cuando alguien puede, por el pico y cédula y, se hacen la mayoría de los encargos. Hay un carro de las verduras que pasa por el sector, ya los conoce y sabe que le compran cuando pasa nos pita y nos abastecemos.


A veces les preocupa el tema del abastecimiento cuando se demora el carro, sin embargo, se mantienen con plátano y yuca. Hay que recordar que en La Granja hay seis niños y niñas menores de cinco años; además, hay dos adultos mayores, un excombatiente y la mamá de una compañera que hace hace un mes tuvo un par de gemelos. La administración municipal hizo una jornada de fumigación del Covid-19, «Y nos prometió tapabocas, pero al sol de hoy no han llegado.»


Armando señala que no cuentan con un sitio adecuado, ni cuentan con ayuda. De alguna forma, están solos, sin embargo, por ser población rural se mantienen distanciados de las aglomeraciones y demás riesgos. Hemos restringido la entrada a La Granja para evitar algún tiempo de contagio. Recibimos el kit de la ARN con el antibacterial, gel y demás.

“Aquí seguimos trabajando en nuestro proyecto de pisicultura. Hemos venido construyendo una bodega para almacenar concentrado, útiles de pesca y químicos.» Testimonio y foto: Armando.

Armando cuenta que la cooperativa nació por el deseo de asociarse a pesar de no saber qué iniciativa productiva iban a abanderar. De ahí en adelante empezaron a conocer de frente qué era eso de la vida ‘legal’, con los trámites burocráticos que eso conllevaba, precisa.


Arrojados en esas lógicas, producto de lo acordado, a pulso fueron lidiando con las dificultades que suponía mantener la voluntad de paz puesta a prueba por los procesos institucionales. Asimismo, fueron reconociendo que asociarse ha sido su mecanismo de autocuidado.

Todos los integrantes fueron reconociendo que asociarse ha sido su mecanismo de autocuidado. Foto: Alexander Cabezas Claros – Integrante de COMUCCOM

¿Cómo nace COMUCCOM?


Todo comienza por la apuesta a la reincorporación colectiva por encima de la individual. De hecho, los y las integrantes de la cooperativa manifiestan que esta decisión, entre otras cosas, permite hacer una apuesta para mantener las formas colectivas que se desarrollaban al interior de las filas en los tiempos de la otrora guerrilla de las FARC – EP.


No sabíamos qué implicaba ese tema de cooperativas. Partimos con un curso básico de cooperativismo que nos permitía asociarnos y, conjuntamente, con ECOMÚN constituimos la cooperativa apenas completando el listado mínimo de 25 personas. Este camino que ya lleva dos años y casi cuatro meses, explica Armando.

Armando cuenta que se necesitaba presidente, vicepresidente, tesorero, etc. Bajo la consigna de ‘hágale usted’ fuimos asumiendo los puestos, pero desde una perspectiva colectiva. Si bien entendíamos que los puestos tenían implicaciones, partíamos de la necesidad de mantenernos unidos y, eso, fue lo que COMUCCOM, nos permitió en las mareas altas”. Fotos: Pares.

Lo bonito de esos peces


A pesar de que en tiempos de la FARC-EP tuvieron conocimiento de ganadería, resultaron escogiendo los peces por todo el proceso de la piscicultura y, en términos ambientales tenía un enfoque más solidario. Tras la decisión conocieron a Zuleny Cifuentes, de PNUD, con quien elaboraron el proyecto de piscicultura. Trabajaron y, tiempo después, les notificaron que el proyecto había sido aprobado, en diciembre de 2018.


De ahí en adelante siguió el trabajo con PNUD y con ARN para poder recibir el dinero, para ese momento ya había 108 personas asociadas a la cooperativa, recuerda Armando. Al voz a voz la iniciativa fue creciendo, incluso sin percatarnos, señala.


Sin embargo, a pesar de haber empezado con los primeros pinos en el ETCR La Carmelita no lo continuaron. Para el momento de la aprobación, en diciembre, Armando debió salir del ETCR por temas de seguridad. A pesar de ello, ya con el aviso de aprobación citaron asamblea ordinaria para el 19 de enero de 2019.