Colombia, un laboratorio del crimen organizado

Por: Germán Valencia Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia


Colombia es un laboratorio para el mundo, en el sentido de que permanentemente se encuentra realizando experimentos sociales con el objetivo de transformar la realidad política y económica de su población. Un ejemplo claro lo constituye la actual implementación del Acuerdo de Paz, con la cual se viene intentando, con programas y proyectos, atender las causas estructurales del conflicto y construir una paz estable y duradera.


Sin embargo, también, el país se ha convertido en un verdadero laboratorio del crimen organizado. En su territorio hacen presencia y se desenvuelven varias de las organizaciones criminales más importantes del mundo. Aquí, diversos actores producen drogas, trafican con personas y venden toda clase de bienes y servicios ilegales: desde el comercio de fauna silvestre hasta la pornografía y prostitución infantil.


De allí que la noticia sobre la captura de Dairo Antonio Úsuga David, conocido como alias ‘Otoniel’, recoja tantas miradas. En especial, porque, según el Nobel de la Paz colombiano, este personaje era la cabeza visible de la organización criminal más grande, peligrosa y mejor estructurada del país. El ‘Clan del Golfo’ es un Grupo Armado Organizado (GAO) con más de 3.500 integrantes y con presencia regional, nacional e internacional.


Este GAO es responsable de exportar, anualmente, cientos de toneladas de coca al mundo, de ejercer presión armada sobre miles de personas campesinas para que siembren coca y se las vendan a esta estructura armada, y del reclutamiento forzado de decenas de menores de edad. Pero, sobre todo, es el gran ejecutor del asesinato y desplazamiento forzado de miles de personas en los territorios donde tienen presencia.

De allí la importancia de la captura de su cabecilla, la cual obedece a una estrategia estatal de golpear, de forma sistemática, a objetivos de alto valor al crimen organizado. Una acción que ha generado un conjunto de preguntas sobre lo que pasará con esta organización criminal en los próximos meses. Para dar una respuesta a este interrogante, propongo analizar, por lo menos, tres aspectos: primero, la estructura organizacional de la agrupación criminal; segundo, el relacionamiento que tiene con el entorno legal e ilegal; y tercero, la naturaleza de las actividades que realiza.


En cuanto a su estructura, se sabe que el ‘Clan del Golfo’ es un grupo criminal, organizado de forma jerárquica o piramidal, compuesto por una cúpula visible, cuya principal cabeza era alias ‘Otoniel’. Además, que cuenta con una base armada cercana a las 22 estructuras que hacen presencia en 211 municipios de Colombia –es decir, el 20% del país–, teniendo como principales lugares de operación los departamentos de Antioquia –con 52 municipios–, Bolívar y Córdoba –con 23 municipios cada uno– y Chocó –con 21 municipios–.


Como organización criminal, ha adoptado una estrategia de sobrevivencia que consiste en reemplazar a sus miembros cuando son capturados o neutralizados –como dice la fuerza pública–. Lógica que se da tanto para los que conforman su cúpula como para quienes hacen parte de la base. Así ocurrió antes de la llegada de alias ‘Otoniel’, cuando perdieron a cinco de sus mandos de primera línea; y así pasará luego de que, cualquiera de los alias que lleguen al mando –‘Chiquito Malo’, ‘Siopas’, ‘Gonzalito’ o ‘Rodrigo Flechas’– tenga que retirarse por el mismo motivo.


Algo similar le ocurrió con los múltiples miembros que componen su cuerpo armado. En menos de una década, los cerca de 3.000 integrantes que han sido capturados también han sido rápidamente reemplazados. En conclusión, el análisis de su estructura nos dice que el organismo criminal del ‘Clan del Golfo’ se recuperará de la pérdida de su cabeza, en los próximos meses se presentará una sucesión interna en el poder, su cuerpo criminal sanará las heridas y se recuperará.


Sobre el relacionamiento con el entorno legal e ilegal, se sabe que el ‘Clan del Golfo’ ha logrado configurar, en el país, un ecosistema criminal que lo protege y con el que trabaja colaborativamente. Durante la última década, se ha creado una gobernanza ilegal donde confluyen actores diversos y recursos en espacios y tiempos diferentes. Como GAO, ha logrado construir lazos de confianza con otros actores ilegales, lo que le ha facilitado continuidad y ampliación de recursos para el fortalecimiento de su estructura criminal.


De esta manera, el ‘Clan del Golfo’ ha logrado configurar en muchos departamentos un trabajo en red, donde se articula e interconecta con otros actores criminales, respetando jerarquías y poderes, y aprovechando su ventaja competitiva, que depende del actor y el territorio. Así, en unos lugares se comporta como proveedor de seguridad, en otros ofrece base de coca o insumos y, finalmente, en otros opera como aliado estratégico en el crimen organizado trasnacional.

Esta forma de conducta le ha permitido al ‘Clan del Golfo’ adquirir ventajas que lo hacen un nodo fundamental en la red del crimen regional, nacional e internacional. Una forma de actuación que le permite, en unos casos, ser muy importante en el negocio del narcotráfico o un versátil operador logístico en el ofrecimiento de servicios, y, en otros, comportarse como una organización ilegal que conecta a los colombianos con el extranjero. Circunstancias y condiciones que le auguran una gran vida dentro del ecosistema del crimen en Colombia.


Finalmente, en cuanto a la naturaleza de las actividades que realiza, este GAO desarrolla muchas actividades lucrativas criminales. Se comporta como una empresa que busca, en todo momento, la obtención de ganancias económicas por medio de todas sus variadas actividades. Es una organización que está dispuesta a atender las demandas públicas de bienes y servicios ilegales, como la venta de drogas, el contrabando o la seguridad, y que usa el recurso de la violencia como instrumento para obtener el control de los variados mercados legales.


Este objetivo, esencialmente económico, le ha permitido ampliar sus negocios ilegales y atender las demandas que se le hacen dependiendo del tiempo y lugar. En las ciudades intermedias, por ejemplo, se dedica a la extorsión de comerciantes y empresarios, y en otras a ejercer el negocio del narcotráfico. Este fin lucrativo y el océano de oportunidades que ofrece la economía ilegal le permite al ‘Clan del Golfo’ permanencia organizacional. Sus huevitos están puestos en diversos lugares; de allí que la captura de su cabecilla represente tan solo un cambio en la gerencia, pero su cuerpo ha quedado intacto y, por tanto, sus negocios no sufrirán mayores percances.


En breve, estamos ante una organización criminal que busca continuidad, independientemente de la permanencia o el cambio de sus integrantes. Una organización que movida por la lógica de la racionalidad económica, que dirigirá sus tentáculos en los negocios que mayores utilidades le genere, y que utilizará la violencia como herramienta para conseguir sus fines. Forma de actuación que le permitirá sobrevivir y crecer, aunque se capture o neutralice a algunos de sus miembros.

A pesar de esta crítica situación, desde la literatura y la experiencia internacional de lucha contra el crimen organizado, se han identificado estrategias que, bien implementadas, pueden servir para la disolución de estos grupos armados. El objetivo en una próxima columna de opinión será señalar algunas estrategias de lucha contra este tipo de organizaciones criminales, que apunten precisamente a desestabilizar su estructura interna, debilitar el relacionamiento externo y minar los incentivos económicos que las hacen pervivir a pesar de los duros golpes que reciben.

 

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