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Chapigay: la historia del barrio que lo cambió todo en Bogotá

Por: Redacción Pares



La primera marcha del orgullo gay en Colombia fue en 1982. Estuvo liderada por dos activistas que pasarían a la historia, León Zuleta y Manuel Velandia. La marcha, a la que fueron unos pocos valientes, salió desde la Plaza de la Santamaría y llegó hasta la Plaza de las Nieves. Los sobrevivientes, 42 años después, afirman que, aunque se le notaba a los policías y a la ciudadanía que salieron a ver la marcha la estupefacción reinaba. Eso sí, no se recuerda ninguna palabra ofensiva, alguna agresión. Cuando llegaron a las Nieves Zuleta, imperial, dio uno de sus discursos potentes, inolvidables. Se ponía la primera piedra del progresismo en el país, de la apertura de mentes. En ese momento en el país existían sólo dos grupos de activismo homosexual en Colombia. Según Colombia Visible en 1982 estaban Grupo de Encuentro y Liberación Gay (Gelg), en Bogotá, liderado por Manuel Velandia, y el Grupo de Estudios de la Cuestión Homosexual (Greco) en Medellín, liderado por León Zuleta. Producto de las reuniones entre los dos grupos surgió la idea de esa primera marcha del orgullo gay en Colombia.



Imágenes de la primera marcha gay en Bogotá que salió de la plaza de toros de la Santamaría



Todo cambia, afortunadamente. En el 2023 la marcha número 40 del orgullo gay fue un éxito absoluto, una fiesta que vivieron más de 100 mil personas y que tuvo como epicentro el barrio que lo cambió todo en Bogotá para la comunidad LGBTIQ+.


Chapinero significa, para la comunidad, un sinónimo de resistencia. El cambio arrancó con la alcaldía de Lucho Garzón. El 22 de junio del 2006, una semana antes de que arrancara el día del orgullo gay de ese año, la alcaldía anunció que la localidad sería la sede del primer centro integral para la comunidad. Se habían seguido estudios que afirmaban que entre el 2003 y el 2006 un número considerable de habitantes de Bogotá se habían suicidado por haber sido hostigados por el hecho de ser homosexuales.


 En ese momento la alcaldesa local era Angélica Lozano. Fue una experiencia durísima para la entonces joven política. Fueron 32 meses sin dormir para ella. A todo el trabajo que tiene que dar una alcaldesa local, se suma el de haber sido también consecuente con su causa. Lozano fue fundamental para que Chapinero se transformara en un lugar donde la comunidad LGBTIQ+. Para el 2011 Chapinero ya era visto como un barrio gay. En esa época el antropólogo Fabian Sanabria ya lo comparaba con Le Marais, el famoso barrio de París pionero en libertades. Hace trece años era un grito de libertad ver en Chapinero, a diferencia de otros lugares de Colombia, como las parejas de un mismo sexo se abrazaban, se tomaban de la mano, se besaban en público. En ese momento Angélica Lozano fue interpelada por El Tiempo sobre esto y dijo que se trataba de una leyenda urbana: no existía un distrito gay como política pública.





Cuarenta años después de la primera marcha del orgullo gay las cosas han cambiado. Cientos de miles de colombianos salen a las calles a vivir la fiesta de la libertad.


Para el 2011 ya habían planificadores urbanos como Juan Camilo Vargas, quien sostenía que debería desarrollarse una política de “diversidad positiva” en barrios como Chapinero. En esta localidad viven unas 150 mil personas pero, debido a los negocios que allí están abiertos, entran unos dos millones de personas. La noche siempre está viva. La capacidad que tiene la gente para volverse invisible lo convierte en un lugar ideal para disfrutar de la libertad de ser como se es de verdad. Todas las máscaras caen. Es un barrio además de clase media alta, se supone más educado y más tolerante a las diferencias.


En los años ochenta en Chapinero aún estaban en pie viejos cines destinados primero a las personas que disfrutaron en décadas pasadas de películas hechas en México, luego se transformaron en cines marginales, en donde las parejas se encontraban cobijados por el claroscuro del cine. Estas se transformaron después en salas de cine XXX y luego en cabinas individuales. Pero la libertad no fue sólo sexual y de rumba, basta con recordar que acá surgió Theatron, la idea del empresario Edgar Ramírez quien en el año 2002 compró el viejo teatro Metro Riviera y construyó una de las discotecas que mejor han resistido el paso del tiempo en Bogotá, la libertad en Chapinero también es creativa.


Acá viven escritores, pintores, arquitectos, músicos que hicieron de Bogotá un lugar cosmopolita. Chapinero, en toda su amplitud, es un refugio de la diferencia. Por eso recomendamos a los que quieren gozar la fiesta de estar vivos pasar la noche del 28 de junio entre sus calles. Es uno de los pocos privilegios que se pueden disfrutar en una ciudad tan opresiva como Bogotá.

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