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Cero tolerancia con la ablación

Por: María Victoria Ramírez. Columnista Pares.


Cómo iba a imaginar que era la fiesta de mi Purificación

si era un ritual de regocijo, de danzas y cantos donde

germinaba el pasado.

Tatuaron mi cuerpecito de amarga henna,

invocaron al espíritu, batieron palmas.

El aire me agarraba de la mano.

Celebraban la llegada de una media hechicera.

No podía entender el color de sus ojos centenarios

o si era amiga o enemiga.

Cómo iba a imaginar que era la fiesta de mi Purificación

si inundaron el silencio de risas, tambores y timbales.

El destino me trajo chillidos de hiena,

olor a ataúdes

Me abrió la entrepierna a la sombra de un dátil

y con una vieja hoja de afeitar cortó la raíz de mi deseo.

Águilas y buitres revoloteaban

enloquecidas al olor de la sangre, al rumor que evoca

la muerte.

Cerré los ojos e igual que un pájaro en una trampa,

aleteé como una loca, grité, lloré.

-¡Aguanta, aprieta los dientes o nunca encontrarás marido!

Castró mi sexo como a los burros del desierto,

colocó cerrojos a mis labios vivos.

Convirtió mi sonrisa inocente en una sonrisa macabra.

Desgarró la carne de mi alma.

Cómo iba a imaginar que era la fiesta de mi ablación,

que a mis ocho años una de las peores cosas de mi vida

había sucedido,.

Poema La purificación de Rosario Valcárcel.


El 6 de febrero es el Día internacional de la Tolerancia Cero contra la Mutilación Genital Femenina y, por supuesto, es una fecha que se aprovecha para hablar de este tema del que pocos quieren hablar. Empiezo diciendo que los derechos de las mujeres y las niñas (incluidos los de las mujeres y las niñas indígenas) también son derechos humanos. Eso parece que aún no es claro para muchos.

Esta importante conmemoración tiene su origen en 2003, cuando la Primera Dama de Nigeria, la señora Stella Obasanjo, hizo la declaración oficial de “Cero Tolerencia contra la Mutilación Genital Femenina” en África, durante la conferencia organizada por el Comité Interafricano sobre Prácticas Tradicionales que Afectan la Salud de las Mujeres y los Niños (IAC por su sigla en inglés), una red de organizaciones no gubernamentales cuya oficina principal se encuentra en Addis Ababa, Etiopía.

Es una conmemoración que no alegra porque hay que recordar que en el mundo alrededor de 140 millones de mujeres la padecen, que en Colombia, aunque no se registre en los mapas internacionales de la ablación y nadie tenga cifras sobre cuántas mujeres mutiladas existen en nuestro país, esta práctica es realizada en la comunidad embera chamí de Risaralda, que las niñas mutiladas muchas veces mueren a causa de esta práctica cultural nociva y que hasta el momento ni el Estado colombiano ni los organismos de Naciones Unidas como Unicef o el Fondo de Población hayan tomado medidas suficientemente eficaces para prevenirla y erradicarla en nuestro país, lo que viola flagrantemente los derechos de las niñas embera chamí y es contrario a las declaraciones de derechos humanos.


En la actualidad, entre defensores de derechos humanos e incluso entre feministas reputadas, existe temor, cuando no silencio cómplice, de abordar el tema, y mucho más, de enarbolar la bandera de la erradicación de la práctica. Algunos con el argumento de que los indígenas tienen problemas mayores, otros por temor a que se perciba esta lucha como un acto de imperialismo cultural, o porque simplemente les parece irrelevante o intentan encubrirlo, como pretexto de una malentendida solidaridad con la causa indígena. Por otro lado, el Estado colombiano, en sus distintas instancias como Ministerios, Procuraduría, Defensoría del Pueblo, Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, aunque fueron instados por la sentencia de un juez de la República a hacer lo necesario para que no se siga practicando, cuando se les ha indagado sobre sus acciones o medidas, sus respuestas son evasivas e insatisfactorias.


En agosto del año 2009, asistí al encuentro de mujeres embera chamí en el municipio de Marsella, Risaralda. Allí asistieron 500 mujeres que hablaron de sus derechos sexuales y reproductivos. Para algunas de ellas, era la primera vez que se aproximaban a estos temas. Las parteras que practican la ablación tienen falsas creencias sobre los beneficios que les trae a las niñas la mutilación. Esas falsas creencias y, por ende, la práctica de la ablación, se perpetuarán mientras las mujeres indígenas no tengan acceso a la información sobre su cuerpo, -su anatomía y funcionamiento-, sobre sus derechos sexuales y reproductivos y mientras los juristas, investigadores y los mismos indígenas sigan planteando el falso dilema entre autodeterminación de los pueblos y derechos humanos.


Pero hay esfuerzos desde diversos sectores por hacer conciencia sobre este tema. “The Cutting tradition” (la tradición de la mutilación) es el nombre del ganador del premio a mejor documental del Festival de Cine Independiente Victoria en Australia, en el 2010. Es un documental narrado por Meryl Streep que se ha presentado en diferentes salas del mundo y que intenta ser una forma de crear consciencia de la necesidad de eliminar la práctica de la ablación (o mutilación genital femenina) de la faz de la tierra. Según la escritora, sicoanalista y crítica social Susie Orbach, esta es: “una pieza conmovedora, que confunde, aterroriza, entristece y, en algunas partes, reanima”.


Este documental, como la película la Flor del Desierto, que narra la historia de una modelo somalí que sobrevivió a la ablación y que luego se convirtió en embajadora de las Naciones Unidas en la lucha contra este fenómeno que vulnera los derechos de las mujeres y las niñas en el mundo, son herramientas importantes para sensibilizar a la opinión pública, a las comunidades y para que se empiece a rechazar esta práctica que afecta a millones de mujeres 30 países del mundo, incluido el nuestro, Colombia.


El 23 de noviembre de 2010, en un acto público y con la ambientación de la película La Flor del Desierto, la comunidad embera chamí de Risaralda anunció la suspensión definitiva de esta práctica que ha provocado muerte y enfermedad en niñas y mujeres de esa comunidad. Este pronunciamiento se realizó luego de un proceso que tuvo varios momentos: primero la negación de la existencia de la práctica por parte de la comunidad indígena y de las autoridades del departamento de Risaralda.


La discusión pública forzada por los medios de comunicación luego de que se hiciera pública la muerte de dos niñas; la intervención de autoridades judiciales mediante una sentencia de un juez de la república instando a todas las autoridades a que hicieran lo necesario para eliminarla; la intervención de las organizaciones de mujeres de Pereira denunciando y acompañando procesos de las mujeres indígenas para defender sus derechos; la intervención mediante el proyecto Embera Wera para la promoción de los derechos de las mujeres indígenas de la Mesa Interinstitucional Central, presidida por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar –ICBF- e integrada por el Ministerio del Interior y Justicia, el Ministerio de la Protección Social, la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría General de la Nación, la Organización Internacional de las Migraciones, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, el Programa Integral contra Violencias de Género, en asocio con el Consejo Regional Indígena de Risaralda –CRIR-.


Las organizaciones de mujeres de Pereira saludaron en su momento la decisión de la comunidad indígena de parar esta práctica discriminatoria que atenta desde todo punto de vista contra la dignidad y la vida de las mujeres. Sabemos que las transformaciones culturales no se realizan de la noche a la mañana, especialmente cuando tienen que ver con reconocer los derechos de las mujeres y las niñas.


Por eso, hay que mantenerse alertas para hacerle seguimiento a ese compromiso y para acompañar a las mujeres embera chamí, si así ellas lo disponen, en la búsqueda del reconocimiento de sus derechos, dentro y fuera de su comunidad, y a vigilar para que el Estado colombiano cumpla con su tarea de garantizar su derecho a la vida, a la dignidad, a la integridad física y al goce pleno de su sexualidad.