Buenaventura marcha (otra vez) porque no hay garantías para la vida

Por: Dennis Huffington

Investigador territorial Pares-Pacífico


“Porque las vidas nos importan, que la institucionalidad se tome en serio la seguridad de los Bonaverenses. ¡Yo me uno!”, junto al hashtag #LaVidaEsSagrada, fue lo último que publicó en su cuenta de Facebook Estiven Loaiza, reconocido activista social de Buenaventura, que un par de horas más tarde fue asesinado en la entrada de su casa ubicada en el barrio el Firme.


Posterior a la tragedia, la periodista local Kelly Nichol Lozano fue amenazada por una publicación en su cuenta personal de Facebook donde condenaba el asesinato de Estiven. De manera pública manifestó que recibió una llamada telefónica donde le exigían eliminar la publicación sobre el caso. Al negarse, recibió una segunda llamada en la que se le hacía la misma imposición: son los riegos que enfrentan hoy quienes decididamente, de manera pacífica, buscan mitigar la barbarie que se vive en el Distrito.


Estiven se refería a la invitación que extienden a toda la población de Buenaventura el consejero distrital de paz, diferentes organizaciones y líderes sociales, que decidieron convocar a la ciudadanía a movilizarse el próximo 24 de febrero “POR LA PAZ, LA SEGURIDAD Y LA VIDA”.


Si no se reacciona la situación tiende a empeorar


El año 2021 no terminó nada bien en materia de seguridad, tanto así que en el último Informe Trimestral del Secretario General de la ONU, elaborado por la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia y presentado ante el Consejo de Seguridad de la ONU, el punto 48 afirmaba textualmente:


“La ausencia de una presencia efectiva del Estado en partes del territorio de algunas regiones, como Argelia (Cauca) o Buenaventura (Valle del Cauca), ha hecho que se intensifiquen las disputas entre los grupos armados ilegales y las organizaciones criminales por el control social, territorial y estratégico, lo cual ha agravado aún más la violencia contra la población civil, socavando la gobernanza y alterando la vida de comunidades enteras”


Ni con los llamados de los organismos multilaterales, la comunidad internacional y las organizaciones de la sociedad civil en el territorio, ha sido posible que se reaccione de manera oportuna por parte de las instituciones del Estado. Las autoridades locales pasan dificultades para tratar de atender la situación y desde las comunidades saben que no pueden esperar ninguna solución por parte del gobierno de Duque que no sea las medidas militaristas.


La guerra se prolonga y se agudiza


A Buenaventura la alejan cada vez más del camino hacia la paz, prácticamente se la arrebataron. Durante todo el 2021 se padeció las retaliaciones entre las facciones de la banda ‘La Local’ en la zona urbana y las arremetidas de los grupos armados ilegales en las cuencas de ríos como Naya, Yurumanguí, Cajambre, Raposo, Anchicayá y Bajo Calima, que dejaron un saldo de 193 personas asesinadas, cifra no vista hace más de una década.


Contrario a lo esperado por sus habitantes, el 2022, además de continuar las vendettas urbanas (con 13 asesinatos en enero y 9 en lo que va de febrero), ahora deben sufrir la expansión de las grandes estructuras armadas ilegales, como la Columna Móvil Jaime Martínez, el ELN y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia.


Según datos de la Oficina de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA), 2.800 personas pertenecientes a las comunidades de Las Colonias, La Esperanza, La Brea y San Isidro en Buenaventura han tenido que salir desplazadas en lo que va del año. Son alrededor de 700 familias que se han visto obligadas a dejar sus hogares y trasladarse sucesivamente hacia Cali y el casco urbano de Buenaventura. Además, advierte que unas 1.700 personas se encuentran confinadas por restricciones a la movilidad en las veredas.


A pesar de los más de 700 capturados que reportan las autoridades desde que lanzaron la ofensiva contra ‘La Local’, el panorama continúa siendo desalentador. Preocupa que a las disputas por las economías ilegales y las vendettas entre delincuencia organizada se transite hacia la violencia política, en un país que se caracteriza por los altos índices en este tipo de hechos y en una ciudad donde los grupos armados ilegales han estado al servicio de candidaturas durante el ejercicio electoral.


Crece el riesgo para los jóvenes de ser asesinados o desaparecidos por cruzar una frontera invisible; para las comunidades, de quedar en medio de enfrentamientos; y para los líderes sociales y políticos, de correr la lamentable suerte de Estiven por intentar mejorar en algo las condiciones de ‘la gente’ en la ciudad. Aun así, hay quienes insisten y persisten en hacer algo, ya sea manifestarse en contra la violencia o exigir acciones contundentes por parte de la institucionalidad local y nacional.


Buenaventura se Moviliza por la VIDA


De la degradación de la violencia pareciera que nadie está a salvo en Buenaventura. Por tal razón, con la consigna “Nos podrá paralizar el miedo y el terror, pero caminando y en unidad somos más fuertes que los violentos”, para este jueves 24 de febrero se está convocando a una movilización por la vida y la paz en Buenaventura. Un llamado tanto al Estado como a los armados a ponerle fin a la violencia.


La movilización tiene como punto de encuentro el Sena a las 8:00am y se espera una asistencia masiva. Y es que no es la primera vez que los bonaverenses realizan este tipo de acciones, en el 2014 se llevó a cabo “Marcha para enterrar la violencia”, donde más de 30 mil personas salieron a las calles a protestar contra la oleada de descuartizamientos que se estaba padeciendo en esa época. Producto de esta manifestación, el gobierno nacional tomó las medidas necesarias y logró desactivar las denominadas casas de pique, desarticuló casi que por completo al grupo predominante de la época (Los Rastrojos) y aumentó la sensación de seguridad.


Como en aquel entonces, y en el 2017 durante el paro cívico, las esperanzas están puestas en la misma ciudadanía para lograr sortear la angustiante situación en la que se encuentran hace 415 días en los que la No Repetición se quedó en palabras y promesas.