• Línea paz, posconflicto y derechos humanos

Breves notas a la cuestión Embera en Bogotá

Por: Armando Wouriyú Valbuena, Maestro de Sabiduría UNESCO, Presidente ONIC 1999 - 2003


Debo iniciar estas líneas lamentando profundamente los hechos de violencia ocurridos en el día de ayer, 19 de octubre de 2022, en los que participaron miembros del pueblo originario Embera, quienes se encuentran en el Distrito Capital de Bogotá en condición de víctimas del conflicto armado interno del país. Me solidarizo con todos los heridos: agentes de policía, gestores de convivencia e indígenas. No justifico la violencia como método para dirimir los problemas que nos aquejan.


Pero también debo referirme a la trágica y violenta historia de la que han sido víctimas nuestros hermanos Emberas desplazados en la ciudad de Bogotá. Sus territorios han sido ocupados por los interesados en las riquezas mineras que allí existen y, junto a ellos, los actores armados de todos los tipos. La riqueza territorial se constituiría en su condena, que los arroja al desplazamiento forzado.


Las condiciones de su destierro son más difíciles porque provienen de zonas de los departamentos de Chocó y Risaralda con muy bajo contacto con la cultura no indígena. Así que en estas décadas de diáspora no han tenido capacidades de adaptación y acomodación a la vida en grandes ciudades como Bogotá.


De esta manera, a la violencia de su separación territorial se suma a otra similar, su malvivir diario en la gran ciudad con pocas herramientas para enfrentarlo. Entonces ese estallido del día de ayer tiene tras de sí al menos cinco décadas en que el Estado y la sociedad colombiana no han resuelto de fondo lo que es el derecho a restituirse colectivamente como pueblo originario.

El presidente ha visitado a los heridos y posteriormente ha dialogado en el Palacio de Nariño con representantes de la Comunidad Embera en Bogotá.


Buena señal.