Bandas criminales, el riesgo del postconflicto



Introducción

Tal vez el mayor reto de seguridad en el postconflicto sean los grupos surgidos luego de la desmovilización paramilitar o las denominadas BACRIM.  Estos grupos, hoy día, funcionan como una red criminal y no como estructura; además utilizan la subcontratación criminal para operar en las zonas urbanas; utilizan la violencia selectiva y ejemplarizante como mecanismos de represión; pero sobre todo han entendido que al Estado no se le gana una guerra y que es mejor infiltrarlo por medio de la corrupción para garantizar la operatividad criminal.

Las BACRIM son una diversidad de estructuras criminales que pueden estar agrupadas en una misma organización como los Urabeños- Clan Usuga o Rastrojos. Esta diversidad ha complejizado los procesos de comprensión del fenómeno, como se verá más adelante son al menos cinco estructuras criminales de alcance nacional, las cuales tienen capacidad territorial y militar para generar terror entre las comunidades y al menos 27 pequeñas bandas que operan de manera localiza. Ahora bien, lo importante es entender que esta diversidad de estructuras se puedes agrupar en al menos tres tipos de organizaciones.

Las primeras, se caracterizan por tener una organización definida, jerarquizada con mandos de poder visible y especializado, por ejemplo en este grupo encontramos al Clan Úsuga o los urabeños, quienes dentro de su estructura de poder tiene tanto jefes militares como políticos, quienes se encargan de manejar las relaciones de esta banda con otras organizaciones criminales, por ejemplo, en 2014 fue capturado Albeiro Feo Alvarado, desmovilizado del bloque Centauros de las Autodefensas y quien fue el responsable de dirigir los pactos de no agresi