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Arauca: de espaldas a la realidad

Por: Cayo Marío

Líder político y social de Tame, Arauca.


Cuando los médicos diagnostican una enfermedad, ya han agotado consultas, exámenes, radiografías; todos los pasos necesarios para en lo posible no equivocarse. Inclusive, incluyen diálogo con sus pacientes, que le manifiesten sus dificultades en salud. Pero, especialmente, es importante que tanto el médico como el paciente sean capaces de reconocer su enfermedad para poderla curar.


Pero si no hay sinceridad y si no hay diálogo con las comunidades, no se podrá reconocer la enfermedad y no habrá nada qué hacer.


Eso es lo que le pasa a Arauca, que ni el presidente de la República, ni el Gobernador ni los alcaldes han sido capaces de reconocer el problema que tiene Arauca. No hablan con las comunidades, se han dedicado a maquillar las cifras de los muertos y desplazados, no han sido capaces de levantar la voz y decirle al presidente que estamos en peligro, que hay miedo. Ellos han permitido que el presidente monte su show mediático, como si en Arauca no pasara nada.


Entonces le echamos la culpa a los medios de comunicación del orden nacional que se atreven a contar la verdad y que las autoridades se preocupan más por el qué dirán que por los problemas de los araucanos.


Si las autoridades no dejan su ego y son capaces de manifestar lo que nos duele estamos en la olla.

Claro, tratan de brindar una sensación de seguridad que no existe para que los que vivimos en los cascos urbanos no digamos nada, mientras tanto los campesinos se acuestan en sus casas junto a su familia o a veces en el monte pasan la noche a la intemperie.


Es muy difícil meterse uno en los zapatos de otro, pero deberían pasar una noche en el campo para que sientan pánico cuando a media noche ladran los perros, sin saber quién llega o que al otro día no sabe si amanece vivo o muerto.


Si el medico no reconoce la enfermedad nos llevó el chiras, y las cosas serán más graves. Lo mismo con las autoridades, si no reconocen el problema estarán muy lejos de las soluciones y será muy difícil rescatar la confianza en la institucionalidad.

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