Los años en los que García Márquez era el canciller más respetado de Colombia

García Márquez siempre sostuvo que el único medio por el que se podía rescatar a la humanidad era el socialismo. Gabo fue amigo en Colombia de hombres poderosos, de liberales, conservadores y magnates empresariales. La entrada al poder se la dio su amigo de juventud, Alejando Santo Domingo, quien heredó un imperio empresarial que incluía empresas como Bavaria y Avianca. Ahí tenía a todo el poder liberal. Alfonso López Michelsen y Lleras Camargo eran íntimos del nobel. También fue muy cercano a Belisario Betancur. Justamente fue en el gobierno de este presidente, que tenía un marcado interés por la poesía, cuando le fue otorgado el premio Nobel. Betancur viajó con otros veinte amigos a Estocolmo. En la legendaria fiesta de celebración, amenizada por Totó la Momposina, Gabo le presentó a Belisario a su gran amigo, Francois Miterrand, quien sería presidente de Francia unos meses después. El intercambio cultural entre ambos gobiernos fue una constante. El puente era García Márquez.

En esos ochenta, cuando Gabo estaba en el top 10 de las personas más influyentes del mundo, fue fundamental para que la España de Felipe González fuera uno de los países que más apoyaba a Colombia en Europa.

A finales de los años setenta, Gabo, quien ya brillaba sin Nobel porque tanto Cien años de soledad como El otoño del patriarca habían sido grandes éxitos. Era un amigo íntimo de Omar Torrijos, el hombre fuerte de Panamá, quien moriría de manera inexplicable en un accidente mientras iba en su avión. Todas las miradas se posaron sobre el general Manuel Antonio Noriega, quien terminaría siendo su sucesor y principal sospechoso de su muerte.

Su amistad con Fidel Castro fue vital también para que sirviera de intermediario en los constantes diálogos de paz que tendría el país desde 1985 hasta 2006, cuando ya la enfermedad del olvido lo consumía. Cuba se convirtió en un garante para mesas de negociación con las FARC, el EPL, el M-19 y el ELN. La amistad con Fidel Castro le granjeó durísimas críticas por parte de sus enemigos. En los noventa, en medio del escándalo derivado de la entrada de más de cinco mil millones de pesos a la campaña presidencial de Ernesto Samper, por parte del Cartel de Cali, generando el llamado Proceso 8000, Gabo intentó escuchar a su amigo Samper pero luego, desde París, decidió soltarle la mano.

En las elecciones presidenciales de 1998 fue fundamental su apoyo a Andrés Pastrana, quien ganaría contra Horacio Serpa, candidato liberal. Sus gestiones fueron fundamentales para la iniciación del Plan Colombia, ya que el entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, era un ferviente lector de su obra. Así que Gabo tenía como fan al hombre más poderoso del mundo.

Libros suyos, como Noticia de un secuestro, ayudaron a fortalecer su relación con buena parte del poder, como César Gaviria, el expresidente Julio César Turbay y la familia Santos. Esto le trajo feroces críticas por parte de la izquierda y de un sector de la intelectualidad que veían cómo su esperado libro sobre Pablo Escobar se quedaba en loas hacia el poder que tanto despreció en algún momento de su vida.

Va a ser difícil que un escritor nacido en este país pueda tener este nivel de influencia en tantos países y tantas orillas políticas. Para recordar esto también estará el II Festival Macondo, que se realizará en Aracataca a comienzos de septiembre. Volverán a llover rosas amarillas.

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