Uno no hace una guerra de 50 años para ser concejal del Calarcá

Ariel Ávila Ariel Ávila, Columnistas, OPINIÓN

Existen dos preguntas que rondan las cabezas de los colombianos. La primera es si las FARC van a participar en política y la respuesta es SÍ, de hecho para eso fue que el grupo guerrillero negoció. Y esa participación en política será más temprano que tarde. La segunda pregunta es saber si las FARC tendrán cupos directos en el congreso de la república y la respuesta es también SÍ, es algo obvio y quiero explicar a continuación el por qué.

Las FARC no solo van a tener participación en el Congreso de forma directa sino que además deberán tener una amplia participación en la “Comisión Legislativa para la paz”. Comencemos por esto último.  El presidente Santos decidió que la refrendación de los acuerdos iba a ser por la vía  del plebiscito y la implementación del mismo se haría con la creación de una comisión legislativa dentro del mismo congreso de la república. Es decir, un grupo de congresistas deberán convertir en leyes lo acordado en la Habana.  El acto legislativo inicialmente contemplaba que el presidente Santos tendría la facultad de nombrar de forma directa algunos pocos cupos que complementara la lista de congresistas. El artículo fue sacado, debido a que se preveía que esos cupos eran par las FARC y en la medida de que no estaba segura la firma de los acuerdos, anunciar esos cupos era darle ventajas a las FARC, al menos eso decían algunos congresistas.

Sin embargo, más allá de este debate resulta un poco ingenuo pensar que las FARC no estarán en la construcción de la reglamentación de los acuerdos de paz. El papel de esta guerrilla en la comisión legislativa para la Paz debe ser determinante. Es muy improbable que las FARC solo estén en la parte de la Habana, y no en la construcción de las leyes. El Presidente se equivoca en pensar que esto se resuelve con 4 o 5 cupos en la “comisión para la paz”. En últimas y para dejarlo claro,  pensar que las FARC no deben participar en esta comisión o pensar que será un papel de espectadores con algunos pocos cupos, es acabar con la negociación de paz y con la bilateralidad en las decisiones de los acuerdos de paz.

Lo de La Habana es una negociación de paz y no un sometimiento o rendición, por tanto, así mismo debe ser  la creación de las leyes que se deriven de los acuerdos de paz.  Lo que hará la “Comisión especial para la paz”, es como la tercera fase de la negociación; es básicamente la implementación, y en esto el papel de las FARC debe ser determinante. Así que asignar cupos en este mecanismo no es un favor para las FARC o cederles poder, es por el contrario un requisito, y esto lo debe decir el gobierno de forma clara a la sociedad. Igualmente los congresistas deben dejar de torpedear esta discusión y asumir una postura sobre este asunto

Como mínimo las FARC deben tener un terciO de esta “comisión legislativa”, de tal forma que tenga una capacidad de veto para el caso de mayorías cualificadas. Pero realmente pensar que las FARC no estarán en esta comisión no solo es ingenuo, es además estúpido.

Además del papel de las FARC en la “comisión legislativa para la paz” también resulta muy probable que las FARC tengan unos cupos directos al congreso de la república. Para algunas personas cercanas al gobierno deberían ser 5 o hasta 8 cupos. En este punto el debate es más complejo pero al menos existen dos cosas claras.

La primera, es que las FARC negociaron para esto y el gobierno aceptó dicha negociación, es difícil pensar que Timochenko participó en una guerra de 50 años para llegar a ser concejal de Calarcá. A las FARC hay que permitirles participar en política y verlos en el congreso y de candidatos presidenciales. Es decir, la negociación se hizo con dicho objetivo, cambiar las armas por las ideas. Entiendo el choque visual que esto causa para la mayoría de la población, pero no hay otra forma de hacerlo.

Lo segundo claro es que el número asignado de curules de forma directa deber ser por lo menos igual al número de parlamentario que tuvo la UP o Unión Patriótica cuando comenzó la guerra sucia con la famosa estrategia de “baile rojo”. En total fueron 14 congresistas entre senadores y representantes a la cámara, la gran mayoría de ellos asesinados entre los años ochenta y principios de los noventas del siglo XX. Es decir, si a las FARC les vamos a pedir que digan la verdad, que reparen a las víctimas, cosa que es algo necesario y mínimo requisito para la reconciliación del país, igual debe hacer el Estado, se debe reparar la población del otro lado. Hay que contarle a la población colombiana que las FARC intentaron participar en política y en ese momento una alianza entre agentes estatales, narcos y paramilitares los asesinaron.

En últimas, no debemos sorprendernos por cosas obvias, las FARC van a participar en política es algo obvio y necesario para que el proceso de paz salga bien.  Además, seguramente estos cupos directos deben ser por dos periodos legislativos.

En todo caso vale la pena aclarar que ni el plebiscito, ni la Comisión legislativa para la paz, ni la Asamblea Constituyente han sido negociados en La Habana. Han sido iniciativas de cada una de las partes y se deben discutir en los próximos ciclos de negociación. Así que lo que hace el presente artículo es contribuir al debate.