¿Qué hacer con la inseguridad en Bucaramanga?

El Espectador, Fundación Paz y Reconciliación y Fescol Prensa, Sala de Medios, Seguridad Urbana y Crimen Organizado

Al debate por el tema de la seguridad y la convivencia ciudadana en Bucaramanga estaban invitados los cuatro candidatos en disputa, pero solamente dos concurrieron a la cita de El Espectador, la Fundación Friedrich Ebert (Fescol) y la Fundación Paz & Reconciliación, en el hotel Chicamocha. El liberal Carlos Ibáñez Muñoz y el exconcejal Jhan Carlos Alvernia (Partido de la U más el apoyo del gobernador Richard Alfonso Aguilar), decidieron no comprometerse.

Los que sí acudieron fueron Rodolfo Hernández Suárez, del Movimiento Lógica, Ética y Estética, y Sergio Isnardo Muñoz Villarreal, del Movimiento Alternativo Indígena y Social (MAIS), quienes coincidieron en señalar a la administración del actual alcalde, Luis Bohórquez Pedraza, por la delicada situación que se vive en la capital santandereana a causa de flagelos como microtráfico, hurto, violencia intrafamiliar, transporte informal y caos en la movilidad.

“La inseguridad es consecuencia de la corrupción con que han manejado a Bucaramanga. La inseguridad es hija de la corrupción. Los primeros que hay que meter a la cárcel cuando hay inseguridad son los politiqueros que nos han venido gobernando y han traicionado el interés colectivo”, afirmó Hernández. Este empresario constructor respondió, a cada una de las preguntas que se le formularon, que “el corazón de todos los problemas de seguridad, como consecuencia de una mala convivencia ciudadana, es el robo descarado que la clase politiquera le está haciendo a la ciudadanía. Nunca en Bucaramanga había habido tantos niveles de corrupción como en este gobierno de Luis Francisco Bohórquez. Eso viene de tres gobiernos atrás, pero se ha acentuado en este. Hay que darle nocáut a la corrupción y se acaban los problemas de la ciudad”.

Por su parte, el exvicerrector de la Universidad Industrial de Santander (UIS) y exsecretario del gobernador Aguilar Villa, advirtió que el 61 % de los bumangueses no se sienten seguros y más del 40 % no confían en las autoridades. En consecuencia no generan las denuncias, aun sabiendo dónde se encuentran los delincuentes, al tiempo que el 70 % de los delitos son cometidos por jóvenes, 80 % de los cuales asociados al consumo de sustancias psicoactivas. Muñoz propuso la implementación de más cámaras de seguridad (200) y cornetas (300), así como la creación de un departamento de inteligencia.

Iniciativa con la que se mostró en desacuerdo Hernández, al decir que disponer de más cámaras, más policías y más represión no soluciona nada. “Hay que atacar la causa real, y es que se roban toda la plata de los programas para aplicarles a la gente pobre. Lo que les hacen en equipamiento comunal y capacitación son verdaderas porquerías, pero a precios de Palacio de Versalles. Debe haber inclusión, reconocimiento y programas serios de resocialización. Si hay seguridad, hay convivencia”, acotó.

“Hay que pasar de la ciudad del contrato y el concreto a la Bucaramanga de carne y hueso y de las oportunidades”, manifestó Muñoz, señalando su preocupación por los diez feminicidios que en lo corrido de 2015 se han presentado en Santander, por el índice de una mujer víctima de violencia sexual cada 14 horas en esta ciudad y porque mientras la media nacional en materia de violencia intrafamiliar está en 145 casos por cada cien mil habitantes al año, en Bucaramanga se ha llegado a los 250.

Con ese caótico panorama social y de criminalidad, dijo que de ser elegido el 25 de octubre, creará la casa de atención integral para la mujer, con acompañamiento psicosocial y jurídico para empoderarla como protagonista de la sociedad.

Mientras Hernández considera que la falta de oportunidades, la violencia intrafamiliar, el abandono y la no inclusión está impulsando a cientos de niños y jóvenes bumangueses a optar por la vida en la calle y caen en el consumo de alucinógenos, Muñoz sostiene que la Policía está alarmada porque se pasó del microtráfico al tráfico local de estupefacientes, y planteó que a la par del uso de la fuerza del Estado para reprimir las casas de consumo y las redes de distribución, se debe trabajar en la inclusión, la equidad y garantizar la asistencia de los niños al colegio, estimulados por el deporte, la cultura y el arte.

Según Muñoz, en Bucaramanga se registran 664 hurtos por cada 100 mil habitantes, en tanto que la meta del Plan Nacional de Desarrollo es de 182. “Estamos desbordados y quienes cometen esos delitos son principalmente los jóvenes”, agregó.

“El hurto genera guetos. Los presupuestos de resocialización de muchachos en Bucaramanga dan risa. Destinan apenas $800 millones al año, lo cual es una suma ridícula. Y no le ponen más plata, no porque no haya, sino porque ahí pueden robar menos”, expresó Hernández, quien admitió que: “Yo asaltaría si no tuviera trabajo. Yo asaltaría si me viera abandonado por el Estado”.

“La gran estafa de Luis Francisco Bohórquez fue presentarse como un alcalde social. De una inversión en educación del 9 % en su primer año, cayó al 2 %”, aseveró Muñoz, quien lanzó la idea de lo que él llama territorios escolares seguros, capacitando a los profesores para que se conviertan en parte de la solución al consumo y venta de drogas en los planteles educativos.

En opinión del candidato Hernández, que cuenta con el apoyo del senador Álvaro Uribe, “las calles de Bucaramanga se han convertido en la universidad del crimen” y dijo que es imposible administrar esta ciudad “con esa tanda de ladrones”. En cuanto al tema concreto de los graves problemas de movilidad, la crisis del sistema de transporte masivo Metrolínea y el crecimiento del transporte “pirata”, señaló que habría que “coger a plomo, a bolillo y a palo” a los exalcaldes liberales Honorio Galvis y Fernando Vargas.

Pero su contendor le recordó: “No voy a robarme ni la punta de un alfiler, pero para echarle sal al tinto debo decirle que usted ayudó a construir y patrocinar todo lo que critica”, refiriéndose a la cercanía que en algún momento tuvieron Hernández Suárez y el actual alcalde de Bucaramanga, una ciudad con 600 riñas cada fin de semana.

 

Nota tomada del diario El Espectador