Se acabó la primera generación de neoparamilitares ¿Que sigue?

Sofía León Oñate Bandas Criminales, Conflicto, paz y posconflicto, POSCONFLICTO

Luego de un proceso de investigación de 12 meses indagando las dinámicas criminales de las estructuras neopa- ramilitares en todo el país, se podría decir que en 2012 se acabó la primera  generación de jefes del neoparamilitarismo,  o como el Gobierno las denomina, Bandas Criminales (Bacrim). Es- tamos hoy ante el cierre de una nueva batalla –casi cíclica– entre las casas matrices del Cartel de Medellín y el Cartel de Cali: “Los Urabeños”, intrínsecamente liga- dos a la casa matriz antioqueña, por lo que su forma de ejercer violencia es territorial y profun- damente violenta y “Los Rastrojos”, herederos del Cartel del Norte del Valle, interesados principalmente en el control económico de las rentas criminales. Hoy ganan “Los Urabeños”, pero “Los Rastrojos” no están definitivamente acabados.

“Los  Urabeños”  logran  consolidarse como los vencedores tras una larga dispua con los Rastrojos no sólo por el dominio del narcotráfico en  el Pacífico, sino por el control territorial del país. Estos grupos han aumentado su presencia armada a 337 municipios en 2012, lo que evidencia el crecimiento de la violen- cia asociada a este fenómeno. En 2011 su presencia llegaba a 209 municipios.

Aunque el actual gobierno de Juan Manuel Santos parecía avanzar hacia la identificación de las Bandas Criminales como la principal amenaza a la seguridad y en la definición de una estrategia para enfrentarlas, el sector de la defensa se ha quedado corto en comprender la magnitud del fenómeno y la interrelación de estos grupos con poderes políticos locales, construidos en el ejercicio de la violencia paramilitar. La política de seguridad se ha centrado en capturar o dar de baja a los llamados “objetivos de alto valor poli- cial”, jefes visibles de estas bandas, al aumento del pie de fuerza en las regiones con altos índices en delitos de alto impacto, y en la re- producción del Plan Troya en regiones como el nordeste antioqueño, Bajo Cauca y los departamentos de Magdalena y Chocó.

Según cifras del Ministerio de Defensa, a lo largo de 2012 au- mentó el número de capturas a miembros de Bacrim. Este pasó de 2.959 en 2011 a 3.292 en 2012, lo cual, aunque es necesario, ha mostrado ser insuficiente para frenar la escalada de violencia rela- cionada con estos grupos neoparamilitares que han hecho gala de una enorme capacidad de recuperación frente a capturas y bajas producidas por enfrentamientos con la Fuerza Pública o con otros grupos armados ilegales, por la facilidad con que construyen y mo- difican las alianzas estratégicas que establecen y por los medios y procedimientos ágiles con los que reemplazan a sus bajas.

 

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