“El posconflicto se trata de construir estado”: León Valencia

Diario El Universal Prensa, Sala de Medios

Tras haber orientado estudios dedicados a desentrañar la realidad nacional, el director de la fundación Arco Iris, León Valencia, ha denunciado el entramado de acciones orientadas a debilitar la democracia.

En entrevista con La Opinión, habla de su percepción sobre los problemas que aún afligen al país, en una recta final para alcanzar la paz.

-¿Las nuevas propuestas del presidente Santos serán suficientes para generar el cambio político que necesita el país?

La abolición de la reelección, la “silla vacía” para los implicados en ilegalidades y corrupción y las listas cerradas para los aspirantes a cuerpos colegiados, contenidas en la propuesta de acto legislativo presentado esta semana, son apenas un punto de partida de la reforma política. Falta mucho. Falta un pacto para respetar la vida de disidentes y opositores, falta el estatuto de la oposición, la reforma electoral, el acceso igualitario a los grandes medios de comunicación para las fuerzas políticas que surjan de los acuerdos de paz. Algunas cosas están anunciadas en los acuerdos de La Habana y serán sometidas a un referendo. Si de verdad se quiere realizar una gran apertura democrática y sacar la violencia y la ilegalidad de la política, la reforma tiene que ir al fondo.

-¿Cree que las conversaciones de La Habana entre el Gobierno y las Farc llevarán a un acuerdo de paz irreversible?

En este momento las negociaciones atravesaron la línea media y están en la recta final. Pero es la parte más dura y más difícil. Porque ahora son las Farc las que tienen que ceder todo. Atender los graves reclamos de las víctimas y garantizar verdad, justicia y reparación. Pactar un cese de las hostilidades como antesala al desarme, la desmovilización y el ingreso a la vida civil. No es fácil para una guerrilla hacer ese tránsito. Eso implica cambiar la vida. Eso trae demasiadas incertidumbres. Eso da miedo. Pero creo que ese parto tendrá ocasión muy pronto. No más allá de las elecciones de 2015.

-¿Si se llega a ese acuerdo, están dadas las condiciones para que el posconflicto sea la construcción de políticas de solución a los problemas que tanto le pesan a la nación?

Mucha gente en Colombia, especialmente en las élites que dirigen el país, piensan en una paz barata, en una paz sin cambios o con pequeños cambios. Pero el conflicto ha sido muy intenso, muy extendido en la geografía y muy largo en el tiempo. Así tiene que ser el posconflitco: grande, largo y transformador. En estos 30 años el conflicto ha estado en 242 municipios y ha impactado todo el mundo político. De manera que en el posconflicto se trata de construir Estado, mercados legales y ciudadanía en esos municipios donde la institucionalidad no ha podido funcionar, donde han predominado las economías ilegales y donde la ciudadanía no ha prosperado por la coyunda de la violencia y la guerra.

-¿El país podrá quedar curado de otro conflicto armado?

Si se negocia una paz con las Farc y con el Eln, se le quita la marca política a la violencia y se hace un verdadero posconflicto, se acaba eso de meterle armas y violencia a la democracia. Subsistirán otras violencias, pero esas ya no tendrán el nombre de guerra o conflicto armado.

-¿Siente al país libre de paramilitarismo?

No, las Bacrim con diferencias importantes son una continuidad del paramilitarismo. Ese es el otro reto del posconflicto. Una vez se firme la paz con las guerrillas hay que tener a la mano una estrategia de persecución al crimen organizado y una propuesta de sometimiento a la justicia.

-¿Ve en los partidos voluntad de cambio?

Esa es una dificultad enorme para los cambios. En los partidos predominan los clanes y casaspolíticas herederas de fuerzas ilegales y comprometidas con el clientelismo más crudo. Los líderes políticos de convicciones y propuestas progresistas son pocos. El más decidido a cambiar algunas cosas es Santos y no puede decirse que sea un gran reformista. La izquierda no tiene todavía la envergadura suficiente para presionar los cambios. Incluso siendo como fue decisiva en la victoria de Santos no se atrevió a exigir una gran participación en su gobierno para jalonar las reformas desde allí.

-¿Qué tanto peso e influencia puede tener en la vida nacional la nueva derecha que suscita preocupación en algunos sectores?

La derecha es muy fuerte en Colombia ahora, pero era más fuerte antes, tuvo todo el poder en el gobierno de Uribe. A la derecha le ha empezado la decadencia. Las fuerzas progresistas y de izquierda están en ascenso.

-¿Cuál es su diagnóstico sobre la izquierda colombiana?

El lio de la izquierda colombiana es que no tiene un proyecto político para venderle al país. La izquierda en América Latina tiene un proyecto político: el populismo, es decir, la idea de acudir a las rentas derivadas de las industrias extractivas o de otras actividades económicas y hacer redistribución desde el Estado. Generar movimientos de masas alrededor de fuertes liderazgos políticos y atender sobre los reclamos de los más pobres con políticas asistencialistas, eso ha sido efectivo en países como Ecuador, Bolivia, Brasil. No muy bien en Venezuela. Pero la izquierda colombiana es antipopulista y tampoco tiene otro proyecto.

-¿Cómo está Colombia en democracia comparada con las otras naciones de su entorno regional, o latinoamericano?

Tenemos que derrumbar el mito de que somos la democracia más sólida y más persistente de América Latina. La política nuestra está atravesada de cabo a rabo por las mafias, la violencia y el clientelismo. En ningún país hay 61 parlamentarios condenados por parapolítica como ocurre aquí. En ningún país matan a los opositores como aquí. A partir de esta conciencia es que podemos promover cambios profundos.

-¿Qué va a pasar con la corrupción?

En las encuestas aparece ya como la principal preocupación de los colombianos y después de la terminación de la guerra este será el cáncer a extirpar.

-¿Los militares sí asimilarán un acuerdo de paz?

Los militares, hay que decirlo, están divididos en este tema pero una fuerza mayoritaria está con las negociaciones de paz y con Santos. Otra, minoritaria, le copia a Uribe.

-¿La influencia del narcotráfico en Colombia está superada?

El narcotráfico ha disminuido, pero las mafias no. Lo que ocurre es que han diversificado su portafolio económico. Ahora están en la minería ilegal, en el contrabando, en la extorsión, en el robo de celulares, en mil cosas y son muy poderosas.