Una vivienda no es suficiente: Irma Tulia Escobar

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Ser víctima de la violencia es un drama que ha causado mucho dolor y sufrimiento a miles de personas en distintos territorios de Colombia, que no solo les marca su vida a quienes lo han padecido, sino que además ha acabado con sus  sueños y esperanzas, marcándoles un futuro incierto, en muchas ocasiones lejos de las zonas en donde se ha tenido origen.

Se puede decir que Irma Tulia Escobar es uno de los pocos casos en que este sufrimiento de ser víctima de la violencia armada en nuestro país, se ha convertido en una oportunidad para desarrollar un liderazgo que le ha permitido darle la mano a muchas personas en su mayoría afrodescendientes, en el municipio de Tuluá – Valle, en donde reside.

Irma Tulia Escobar es madre cabeza de familia. Tiene tres hijos. Vivía de la producción de mora en la Mansión, un corregimiento de Monteloro (Valle del Cauca), pero en el año 2005 asesinaron a su hermano. Ella tuvo que desplazarse a  Tuluá.

Al llegar a Tuluá, Irma Tulia decide liderar el acompañamiento a las demás personas en situación de desplazamiento en el municipio y las zonas veredales, en su mayoría mujeres afrodescendientes víctimas del conflicto, que además tenían la condición de ser madres cabezas de familias.

Una de las primeras metas que se propone esta líder vallecaucana es la de ayudarles a gestionar una vivienda digna a estas mujeres, teniendo que enfrentar a la institución en la localidad, quien según ella, no quería aceptar que en el municipio habían personas afectadas por el conflicto armado, y que se requerían medidas de urgencia.

Sus compañeras de lucha la motivan a crear y a asumir el liderazgo de la  Fundación Luz de Esperanza, a través de la cual gestionan proyectos de vivienda. Sin embargo, cuando obtienen este fin, las personas víctimas del conflicto que son beneficiadas con esta medida, se dan cuenta de que no es suficiente y junto con Irma Tulia,  inician el proceso de organización y empoderamiento de su comunidad a través del reciclaje, con reuniones de sensibilización, charlas, recreación, creación de microempresas, capacitación permanente, etc.

Irma Tulia gestionó la educación gratis para mujeres afros, desplazadas y madres cabezas de familia. Para esto fue necesario la sensibilización a los profesores del municipio para que les dieran un mejor trato a la población afro que ella ayudaba.

Las amenazas contra su vida no tardaron en llegar. En una ocasión  le marcaron la puerta de su casa con sangre e intentaron entrar. Intentó denunciar. Pero en la Fiscalía le dijeron que si no tenía la identidad de quien lo había hecho, no podían recibirla. Acto seguido, la  sede de la fundación que lidera fue víctima de un atraco. La cámara en donde estaba el registro de los líderes que conforman la organización desapareció. En marzo  de 2010 le llegó un mensaje a su celular que decía que debía irse y meses después recibió un planfleto firmado por las Farc, que anunciaba “muerte a los sapos”.

Irma Tulia se llenó de valor y no desistió de su labor social, la misma con la cual ha logrado la reivindicación de los derechos de cientos de víctimas del conflicto en el municipio de Tuluá y sus zonas cercanas.

Irma Tulia Escobar hizo parte del panel de líderes sociales invitados a participar en el   Conversatorio: ¿Cómo resolver conflictividad local en el posconflicto? – Bogotá, convocado en mayo de 2017 por la Fundación Paz & Reconciliación, la Redprodepaz, Colombia 2020 y la Universidad Central.