justicia transcional

Señores del Comité de Escogencia no se dejen…

León Valencia Columnistas, Conflicto, paz y posconflicto, León Valencia, Prensa, Sala de Medios

De atrevido les voy a dar dos consejos no pedidos al Comité de Escogencia del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición compuesto por José Francisco Acuña, Diego García Sayán, Claudia Vaca, Álvaro Gil Robles y Juan Méndez; y también voy a hacer una recomendación para los futuros magistrados y miembros de las dos instancias: la judicial y la de la verdad.

Señores del comité de escogencia tienen ustedes a la vez un gran honor y una gran responsabilidad con el país. El acuerdo de paz del Teatro Colón entre el gobierno nacional y las Farc, el Acto Legislativo 01 de 2017 y los decretos 587 y 588 del 5 de abril de 2017 crean un ambicioso y equilibrado sistema de verdad y justicia para cerrar el conflicto armado y abrir las puertas de la reconciliación nacional. (Ver los decretos).

Pero el espíritu y el contenido de estos acuerdos y disposiciones no valen nada, no sirven para nada, si las personas escogidas para aplicarlas no tienen el compromiso ético, la independencia, el carácter y la valentía para hacerlas realidad. La tarea de escoger a los magistrados de los tribunales y organismos de la Juridiscción Especial para la Paz y a los miembros de la Comisión de la Verdad es igual o más importante que el arduo trabajo que realizaron la guerrilla y el gobierno en La Habana para alcanzar el pacto de paz.

Mi primera recomendación es que no piensen en Uribe ni en Santos ni en las Farc a la hora de escoger a este grupo de personas. Piensen en las víctimas. Piensen en el país. Piensen en el futuro. Parece una perogrullada, pero no lo es. En los puntos de diferencia, en los puntos de aguda controversia, los tomadores de decisiones en los últimos años siempre piensan en qué dirá Uribe. Libérense de este fantasma. En Colombia en muchos campos gobierna el miedo a Uribe, es una verdadera desgracia.

El uribismo no aprobará ni los Tribunales de Justicia Especial para la Paz ni la Comisión de la Verdad sean cuales fueren sus miembros. Es así. Ustedes mismos, señores miembros del comité de escogencia, han sido calificados de aliados del terrorismo por esta fuerza política y por todos sus voceros en los medios de comunicación. Pero tampoco piensen en la aprobación de los firmantes de la paz, ellos depositaron la confianza en ustedes, ahora deben respetar sus decisiones. La primera cualidad de los escogidos debe ser la independencia.

Segunda advertencia. Tengan la seguridad de que en Colombia sí es posible escoger una nómina de lujo para encarar la tarea de la verdad y la justicia. Sí hay personas fuera de lo común, sí hay personas con una gran estatura moral, sí hay personas que escapan a la polarización política. Aquí la gloria es efímera, los héroes no existen, siempre hay una multitud para injuriar a las personas que se destacan por sus convicciones, por su carácter, por sus enormes realizaciones, para destruir la honra de colombianos sin tacha. No dejen que esta actitud los agobie. Es necesario aprovechar los meses que les han dado para buscar a estas personas en la academia, en las cortes, en las labores sociales, en los círculos empresariales y en las regiones.

Futuros magistrados de la justicia especial, futuros miembros de la Comisión de la Verdad, sigan la huella imperceptible de las víctimas anónimas ahí encontrarán la verdad esencial, la verdad que mejor explica el conflicto. La tentación será poner el ojo en los magnicidios, en las víctimas visibles, en los apellidos sonoros. Sé que eso no se puede obviar. Es parte de su tarea. La mayoría, si no la totalidad de esas víctimas notables, ocurrió en los años ochenta y principios de los años noventa del siglo pasado.

Pero entre 1995 y 2005 sucedió el verdadero holocausto. Si miran el Registro Único de Víctimas verán que en ese lapso de tiempo se produjo el 70 por ciento de las víctimas de toda la guerra. Son campesinos, negros, indígenas, mujeres inermes, gente de la periferia del país y de los suburbios de las ciudades, gente sin rostro, gente que no pudo hacer oír su voz cuando era agredida.

Columna de opinión publicada en Revista Semana