EL Presidente Juan Manuel Santos saluda al líder de las Farc, Rodrigo Londoño durante el acto final de la histórica dejación de armas de ese grupo guerrillero.

Increíble y excepcional

Ariel Ávila Ariel Ávila, Columnistas, Conflicto, paz y posconflicto, Prensa, Sala de Medios

En el proceso de desmovilización paramilitar, liderado por el expresidente Álvaro Uribe, hubo 0.6 armas por desmovilizado, es decir, casi la mitad de los paramilitares desmovilizados no entregaron armas. Por ejemplo, el 9 de diciembre de 2003 se desmovilizó el Bloque Cacique Nutibara al mando de alias Don Berna. En total fueron 868 desmovilizados y solo entregaron 497 armas. De hecho, muchas de las armas que este Bloque escondió, son hoy utilizadas en la guerra que desangra a Medellín y su área metropolitana entre los diferentes combos.

Otro ejemplo es Afganistán, allí fue tal vez el proceso de paz donde más se entregaron armas por insurgente. En total fueron 63.000 desmovilizados y se entregaron 47.575 armas, es decir, 0.75 armas por desmovilizado. El otro extremo fue Nepal, allí de un total de 31.152 desmovilizados se entregaron 3.475 armas. En general, en los procesos de paz siempre hay más gente que armas, pero lo ocurrido con las Farc es la excepción, es increíble.

Para el caso de las Farc, en total se concentraron 6.800 guerrilleros y se entregaron, en la dejación de armas de la dotación individual, 7.132 armas, es decir, más armas que guerrilleros, algo atípico en cualquier proceso de paz. Incluso con la extracción que se encuentra haciendo las Naciones Unidas de las 949 caletas, se podría llegar a una cifra histórica de 1.5 armas, en promedio, por guerrillero.
Todos los datos anteriores, al menos, significan cuatro cosas. Por un lado, las Farc están cumpliendo y a pesar de los retazos del gobierno, cumplieron con la dejación de armas. Esos cuentos de que escondieron armas o de que no entregaron el material bélico son una mentira. Si se cuentan los cerca de 20.000 guerrilleros desmovilizados individualmente desde 2002 y las diferentes incautaciones de la fuerza pública en los últimos 20 años, se podría llegar fácilmente a una cifra de 25.000 armas durante el conflicto armado por parte de esta guerrilla.

En segundo lugar, el presidente Santos le cumplió al país su promesa principal de gobierno; en 2014 se hizo elegir con la promesa de hacer la paz y lograr que las Farc se desarmaran, pues bien, eso se logró el día 27 de junio. 53 años de guerra se terminaron hace dos días.

 Tercero, las Farc entregaron material de guerra de punta, como por ejemplo las ametralladoras Browning .50, los AK 47 y morteros de tipo industrial. Las diferencias con la desmovilización paramilitar son inmensas, por ejemplo, los paras no solo desmovilizaron más gente que armas entregadas, sino que entregaron armas viejas y hechizas. Fue muy poco el material de guerra moderno. Vale la pena recordar que el prófugo Luis Carlos Restrepo, aun sabiendo de este engaño, certificó las desmovilizaciones.

Por último, ya no hay disculpa para no apoyar el proceso de paz y para no creer que las partes están cumpliendo. Lo cierto es que las Farc, entendidas como guerrilla, son parte de la historia del país, en algunos días serán un partido político y eso será otra historia. La oposición política debe estar a la altura y reconocer que desde el martes Colombia ya no es la misma.

Lo ocurrido en el proceso de dejación de armas de las Farc es realmente excepcional, no hay a nivel nacional o internacional algo que medianamente se acerque, la proporción de armas por reincorporado es muy alta. Cualquier persona con un mínimo de información o con algún sentido de indagar y no “comer entero”, tendría que apoyar el proceso de paz y entender que esto ya no tiene reversa.

Obviamente al país le quedan inmensos retos en materia de seguridad, como el Clan del Golfo, el ELN y las inmensas economías ilegales. Nadie desconoce estos retos, yo mismo los he denunciado, pero le pido a los colombianos que disfruten este momento, así sea por una semana, pero disfrútenlo, esto es un sueño cumplido.

Entre tanto; la representante María Fernanda Cabal manifestó ayer que no creía en la ONU porque la Unión soviética hace parte de ella. Obviamente esto parecería un mal chiste, pero fue cierto. Perdónenme: o es muy bruta, o le regalaron el título universitario, o sencillamente es una manipuladora que hace esto adrede, para seguir convirtiendo mentiras en verdades, al mejor estilo nazi. Una vergüenza.

Columna de opinión publicada en Semana.com