Ejército en posconflicto ¿reto o retroceso?

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Aunque el cese al fuego bilateral aún no se firma, no es desconocido que los enfrentamientos entre el Ejército y las Farc tuvieron una disminución significativa desde que el proceso de paz entró en su recta final, y también desde que ese grupo guerrillero decretó un cese de hostilidades unilateral.

Investigaciones de entidades como el Cerac (Centro de Recursos para el Análisis de conflictos), reportan que en el último año en Colombia, específicamente en los últimos siete meses, se ha vivido el periodo de menor intensidad en 51 años de conflicto, en número de víctimas, combatientes muertos y heridos, y acciones violentas.

Las miras de las fuerzas armadas ya apuntan a otros objetivos. Las Farc ya no están en ese primer lugar, ahora el Eln y las bandas criminales exigen todo el esfuerzo de los soldados colombianos.

Así se lo confirmó una alta oficial del Ejército a este diario. “Desde el mes de septiembre nos dieron una orden y es de no hablar nada que esté relacionado con las Farc. Ni siquiera se pueden seguir haciendo campañas de desmovilización en contra de esa guerrilla por las emisoras del Ejército”, precisó.

Un claro ejemplo de lo que podría ser ese nuevo rumbo del conflicto son las Fuerzas de Tarea, las cuales fueron creadas, en su mayoría, con la misión de contrarrestar cualquier intención de avance de las Farc en las diferentes regiones del país, ahora ya se habla de la desaparición de algunas y otras enfocan sus actividades a otros fenómenos criminales.

La Fuerza de Tarea Nudo de Paramillo es una de las más importantes, y aunque fue creada para combatir a los frentes quinto, 18, 36 y 58 del bloque noroccidental de las Farc, ahora se concentra en el frente de guerra Jesús Ramírez Castro del Eln, y las bandas criminales como “los Urabeños”. Hasta hace unos meses, la sede principal de esta fuerza de tarea quedaba en zona rural del municipio de Tierralta, Córdoba, una de las entradas al parque nacional Nudo de Paramillo, sin embargo fue trasladada a Caucasia, Bajo Cauca antioqueño, desde donde se manejan todas las operaciones contra los nuevos objetivos.

El Comando de Transformación Ejército del Futuro (Cotef), será la unidad encargada de adelantar toda la transformación en esa institución.

La principal misión de este comando, tal y como aparece en la pagina del Ejército, es “promover y liderar todas las iniciativas destinadas a transformar la institución, las relaciones, la estructura de mando y control, unidades de Combate y las capacidades del Ejército, teniendo como criterios de desarrollo, temas estratégicos, relaciones civiles-militares, transición y equipo pensando en la optimización de las áreas orientadas al Ejército 1.0, 2.0 y 3.0”.

Llega la reestructuración

Para expertos en temas militares e incluso exintegrantes de la milicia, lo que se viene para el Ejército y las Fuerzas Armadas de Colombia es una reestructuración, que incluso ya se está aplicando en el interior del Ejército.

Vicenç Fisas Armengol, director de la Escuela de Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona, UAB, cree que como ocurre en todos los países del mundo, el papel de las Fuerzas Armadas es dedicarse a la defensa territorial fronteriza.

“Deben cumplir funciones diferenciadas a las de la Policía. En Colombia, tras el acuerdo final con las Farc, creo que sería oportuno hacer una reforma del sistema de seguridad en profundidad, y diferenciando las tareas de las Fuerzas Armadas de las de la Policía. Al margen de lo que suceda con el Eln, pues se intenta abrir una negociación formal con ella, y eso puede condicionar las tareas de la Fuerza Pública, Colombia tiene un gravísimo problema de criminalidad organizada, que debe combatirse apuntando a la corrupción generalizada y al clientelismo, y las vinculaciones de esa criminalidad con el narcotráfico”.

Para cumplir con la anterior tarea, dice Fisas, se debe contar con buenos servicios de inteligencia y una policía especializada, “pero no es habitual que sea una responsabilidad de las Fuerzas Armadas. No se puede combatir esa criminalidad con aviones de combate ni con tanques”.

Por su parte, John Marulanda, consultor internacional en seguridad y defensa, asegura que el cambio será sustancial y los divide en tres aspectos: El primero será un cambio de doctrina: “ya los propios mandos del Ejército han anunciado que va a ver un cambio, eso a mi modo de ver es coincidente con un requerimiento de las Farc en La Habana, que dijeron que era necesario que las Fuerzas Armadas cambiaran la doctrina contra insurgente”.

La reestructuración pasará también en un cambio del dispositivo, es decir, una reestructura de las estructuras funcionales del Ejército, “ya también eso fue anunciado por los comandantes e incluso está en desarrollo. El Estado Mayor ya se reconfiguró con nuevas células, nuevas funciones”.

Y le tercero. explica Marulanda, vendrá tras darse los dos primeros cambios, en el que habrá un giro en las responsabilidades y funciones. “Las Farc también pidieron que el Ejército debe volver a custodiar las fronteras, que salga de la lucha contra insurgente y el Gobierno está dando pasos en esa dirección. La creación del Ministerio de Seguridad Nacional, a cargo de un policía y el énfasis que se les está dando a las actividades criminales terroristas o insurgentes así lo hace prever”.

Esos son los tres cambios que Marulanda cree van a significar el cambio en las Fuerzas Armadas. Sin embargo, asegura que hay varios problemas, uno de ellos es el presupuestal, “si bien ya hubo recortes dramáticos y se ha dicho que seguirán, el presupuesto será solo para mantenimiento, no para inversión”.

Sobre el presupuesto, Vicenç Fisas Armengol, argumenta que el gasto militar se debe reducir para invertir en otras problemáticas sociales que sufre el país.

“En un escenario de posconflicto armado, finalmente, el tamaño y el presupuesto de las Fuerzas Armadas deberán reducirse notablemente, situándose en los estándares medios de la región. Eso liberaría una gran cantidad de recursos que podrían ponerse a disposición de las necesidades básicas que tiene el país, ya sea en educación, vivienda, infraestructuras, población desplazada, marginación, etc., así como para financiar la gran transformación agraria que necesita el país. En el primer punto de la agenda acordada con las Farc, ya hay una orientación bastante precisa de cómo empezar en este punto”.

Primeros retos

Para León Valencia, director de la Fundación Paz y Reconciliación, los cambios que se vienen para el Ejército tendrán entre sus primeros retos prestarle vigilancia a las zonas de ubicación donde estarán los guerrilleros.

“Así como el Ejército fue organizado para la guerra, se puede organizar para la paz. Si se crearon unidades para enfrentar la guerrilla, se pueden crear unidades que puedan proteger los territorios donde estarían los guerrilleros concentrados después de una firma. La idea es que el Gobierno se de cuenta que la Fuerza Pública tiene que cambiar su rol”, agregó.

Según el analista, desde Cuba ya se está trabajando en una de las comisiones lideradas por alias “Carlos Antonio Losada”, de las Farc, y el general Javier Flórez,del Ejército, para encontrar la fórmula que permita que militares y guerrilleros puedan incluso trabajar de manera conjunta para brindar seguridad en zonas que históricamente fueron dominadas por ese grupo guerrillero.

Asegura Valencia: “no sería audaz que el gobierno limite al Ejército a zonas fronterizas, ya que por la geografía del país hay áreas donde otros grupos delincuenciales aprovecharán para actividades ilícitas y son puntos donde el Ejército debe actuar”.

El capitán (r) Juan Alfonso Fierro, presidente de la Asociación de Veteranos de la Fuerza Pública, fue enfático en decir que es un “inmenso error” quitarle fuerza al Ejército o a cualquier otra fuerza.

La amenaza, dice Fierro, sigue latente por lo que se necesita de una Fuerza Pública con mayor capacidad. “La debilidad de los estados nunca ha dado buenos resultados. El Estado debe ser fuerte para hacer cumplir la Constitución y las leyes, si no hay una mano fuerte que pueda intervenir en cualquier momento todo el mundo se va a burlar de la Constitución de las leyes, como ocurre ahora”.

Asevera Fierro que a Colombia, en ese escenario, no la va a defender un juez o un congresista, pero sí los uniformados de siempre, esos que están hasta ocho meses en la selva o en una carretera aguantando agua y sol y que aún son mal pagados.

El papel del Ejército en el posconflicto es uno de los asuntos que más genera posiciones encontradas en el país. En algunas esferas se habla de retroceso, incluso de equipararse con las Farc; en otros se habla de una fuerza preparada para la paz pero listas para enfrentar la guerra.