Alternativas para el cese bilateral

Ariel Ávila Ariel Ávila, Columnistas, Conflicto, paz y posconflicto, OPINIÓN

Durante el cese bilateral no hubo voladuras al oleoducto, no hubo combates o choques militares directos  y en general la población de regiones como en el Catatumbo, el departamento de Arauca, o algunas zonas de Antioquia, manifestaban un alivio humanitario. Sin embargo, durante el cese, ocurrieron 35 incidentes, algunos de ellos graves, como el asesinato del gobernador indígena en Chocó, o la masacre de Magüi Payán. En todo caso el balance es positivo.

Para la semana pasada, había al menos dos cosas claras. Por un lado, que tanto el Gobierno pero sobre todo el ELN, pedía ajustes al cese bilateral, la expresión que utilizaron fue el robustecer el mismo. Lo otro claro, era que esos ajustes no se harían de forma rápida o en cuestión de horas y se debía buscar alguna fórmula que permitiera alargar el cese al menos por unos días mientras se negociaba el nuevo. El objetivo era que el nuevo cese cobijara el periodo electoral y que las comunidades rurales de al menos 62 municipios pudieran votar tranquilamente por primera vez en décadas.

A medida que se acercaba la hora límite la situación se iba complicando. Efectivamente, el Gobierno tardó mucho en nombrar el nuevo equipo negociador y casi todos se fueron de vacaciones. Por ende no hubo una interlocución constante con el ELN. Por otro lado, dentro del ELN crecían las voces de pedir ajustes casi imposibles de lograr. Al final la hora límite llegó y no hubo ningún anuncio de prolongación o de medidas de contingencia. Así, luego de los cuatro ataques del ELN, el Gobierno decidió traer el equipo a Colombia y suspender la mesa.

 El ELN provocó una crisis innecesaria a partir de un cálculo militar sin racionalidad política. Es decir, algunas estructuras del ELN pensaban que con estos ataques se iban a mostrar fuertes y presionarían un cese en mejores condiciones. Pero políticamente la estrategia les falló y fue algo así como un bumerán. Se podría decir, que si bien en Colombia hay un debate en torno al acuerdo de paz con las Farc y una polarización frente a la paz como concepto. También se puede decir que el país se ha ido acostumbrando a la paz y el rechazo fue monumental ante los ataques del ELN la madrugada de ayer.
Ya no es posible devolver el tiempo y lo que se debe hacer es buscar alternativas. Pues bien aquí van algunas de ellas. Primero, se propone que  sean los países garantes como Cuba y Venezuela los que lideren la salida a la crisis. Mientras eso pasa, se propone a las partes algo así como un cese no oficial, es decir, que las partes decidan no realizar acciones ofensivas al menos por 20 días, mientras en Quito los equipos pactan las condiciones del nuevo cese.

Este nuevo cese debería clarificar algunas interpretaciones del protocolo del cese anterior y profundizar en los compromisos de las partes. Pero no debería tardar más de 20 días. Una vez esto se logre, se propone que la mesa rápidamente avance en el método de la participación social para que por fin las negociaciones de paz despeguen y con ello conseguir que el 7 de agosto, cuando se  dé el cambio de Gobierno, el proceso esté lo suficientemente fuerte, como para que al Gobierno entrante no le quede otra alternativa que continuarlo y así cerrar este capítulo de 50 años de violencia.

En todo caso, se debe tener en cuenta que durante más de tres años se negoció con las Farc en medio del conflicto, igual pasó con el ELN, durante meses se negoció en medio de la guerra. Así las cosas, si pasados los 20 días no se logra un acuerdo sobre el nuevo cese, pues la alternativa es negociar en medio del conflicto y pasar rápidamente a la discusión sobre la participación social.

Columna de opinión publicada en Semana.com