Los extremos y la necesidad de la tercería

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Por: Ariel Ávila, Subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación-Pares

Hay un gran miedo al populismo, y se quiere evitar que Colombia caiga en ello. Los que hablan de populismo, no saben muy bien cómo definirlo pero al menos coinciden en tres ideas básicas.

La primera y fundamental es que los regímenes populistas buscan crear una división en la sociedad y sobre todo negar la legitimidad política de sus adversarios, deshumanizan al contrario. Por ejemplo, Chávez dividió a Venezuela entre Pueblo y Burguesía y en Colombia, Uribe dividió entre colombianos de bien y terroristas, todo el que no estuviera con él era de algún frente intelectual o internacional de las Farc, todo el que lo criticaba era amigo del terrorismo. Lo importante de esto es que no hay punto medio o se está con él o contra él.

La segunda idea básica del populismo es que el gobernante tiene un bajo nivel de respeto por las normas de la democracia liberal. Por ejemplo, utilizan los sistemas de inteligencia del Estado para perseguir a los opositores, se arman complots para encarcelar líderes de opinión y periodistas, además se cuestiona la libertad de prensa  y se persiguen a periodistas y medios de comunicación. Además se desconocen fallos judiciales y se persigue la justicia que cuestiona las actuaciones del gobierno, se les infiltra para deslegitimarlos. El segundo gobierno de Uribe tal vez sea el mejor ejemplo.

Pero quizás lo fundamental y como tercera idea básica de los populismos, es que gobiernan con estructuras paralelas que permitan consolidar el poder del gobernante, es como si crearan instituciones, programas y organizaciones anexas al Estado. Por ejemplo en Colombia el DAS fue utilizado como una policía política por el gobierno de Uribe.

En lo personal, comencé a trabajar en 2007 en la entonces Corporación Nuevo Arco Iris, recuerdo que recientemente dicha institución había destapado el escándalo de la parapolítica y viví en carne propia la persecución del uribismo. La persecución a la Corte Suprema de Justicia, las chuzadas y las famosas operaciones para destruir organizaciones sociales como la Operación Transmilenio, dirigida contra un colectivo de abogados, demostraron lo que es la persecución estatal. También se destapó el escándalo de la compra que hizo el gobierno Uribe de su segunda reelección con la entrega de notarías por ejemplo. Una situación llena de ilegalidades dignas de gobiernos autoritarios.  

Si alguien ha sido populista y castrochavista en Colombia ha sido Álvaro Uribe Vélez.  Gustavo Petro no ha estado ni a la mitad de lo que ha hecho Uribe, pero es claro que utiliza discursos de división en la sociedad, y ha tenido comportamientos contra la prensa cuestionables, así como hacia la justicia. Pero más allá de si Petro es o no populista, lo cierto es que mucha gente lo cree y espanta una gran parte de la población colombiana, por eso él nunca ganaría en una segunda vuelta. 

Hay millones de personas en Colombia que no quieren, o mejor no queremos, volver a vivir un gobierno uribista, porque los conocemos y sabemos de lo que son capaces. Pero tampoco queremos una ingobernabilidad a la cual llevaría Petro. Estos millones de personas merecen una tercería seria y viable para ganar. La mejor tercería sería una alianza entre Sergio Fajardo y Humberto de la Calle. De ello depende nuestra democracia.

Colombia necesita un gobierno tranquilo, que supere las polarizaciones, que avance en temas fundamentales como la corrupción, una reforma política, una reforma a la justicia y claro temas de fondo, como el ordenamiento territorial.  Pero la lógica de entrar pateando el tablero con una constituyente o la lógica de un gobierno que llegue a cobrar venganza y a hacer trizas avances fundamentales de esta sociedad, no debe gobernar nuestro país.

Al igual que Mockus, creo que lo fundamental es avanzar en un gobierno de centro, y ayudar a salir a Colombia de la crisis ética en la que estamos “del todo vale”, por ello también les ruego a Fajardo y a Humberto que se encuentre una fórmula de alianza en los próximos 20 días, para consolidar una votación importante antes de primera vuelta. Si el centro pierde será culpa de las divisiones de estas dos fuerzas ya que el espacio político para crecer existe.

Publicado en Revista Semana