Un punto cero

Ariel Ávila Ariel Ávila, Columnistas

Hace unos días Francisco Gutiérrez Sanín manifestaba que Colombia necesitaba un punto cero, el cual le permitirá al país construir un proyecto político nacional y arrancar un proceso de democratización local. Haciendo una simplificación un poco grosera, se podría decir que el conflicto armado colombiano es producto de una serie de factores y conflictos del siglo XIX, que arrancó a mediados del siglo XX y que hoy en pleno siglo XXI aún no termina.

El punto cero significa que estos conflicto derivados de factores políticos y de exclusión social entre liberales y conservadores que dieron origen al conflicto armado colombiano, deben concluir por completo en los próximos meses. No se trata solo de negociar con las Farc, se debe negociar un proceso con el ELN y con ello evitar la historia repetitiva de Colombia y es que siempre se negocia con un actor y se deja a otros de lado, con lo que la negociación de paz no es más que un nuevo ciclo de violencia. Es la puerta a una nueva ola de violencia.

Para que Colombia avance en las reformas necesarias para superar años de violencia política, exclusión social y  expansión de economías ilegales debe aceptar la necesidad de abrir un proceso de paz con el ELN, cerrar por fin el conflicto armado que comenzó a mediados de la década del siglo pasado y hacer un punto de comienzo nuevo.

Comienzo que llevará al país a un proceso de reformas y apertura democrática, el cual necesitará del apoyo de la gran mayoría de ciudadanos. El gran tema en Colombia es que este proceso de reforma y apertura debe afectar directamente a la dirigencia política y económica del país, principalmente local y regional, es decir, los que hoy día nos gobiernan, y para que estas élites acepten este proceso de cambio de forma pacífica, solo se garantiza si por fin se acaba la disculpa de una amenaza armada al régimen político, situación que se lograría con una negociación con las Farc pero también con el ELN, Y por otro lado con un gran apoyo popular. De hecho,  un par de años después de la firma, muy seguramente  habrá un proceso constituyente, que sirva como cierre de toda la negociación.

La negociación con el ELN es necesaria
para el punto cero que necesita el país,
y para que el posconflicto con las Farc salga bien

 Así las cosas tanto el ELN como el gobierno deben entender la necesidad histórica de abrir rápidamente la fase pública de las negociaciones e igualmente concluirla ágilmente. La necesidad de esta negociación es en doble vía, por un lado el punto cero que necesita el país, como se vio anteriormente, pero por otro lado una negociación con el ELN, es una necesidad para que el posconflicto con las Farc salga bien. Las probabilidades de que el ELN retome algunos territorios dejados por las Farc son altas y en ese proceso pueden masacrar la base social de las Farc, no se debe olvidar que entre ambas guerrillas hubo una guerra sin cuartel entre 2006 y 2010. Las heridas están abiertas y aún quedan muchas cosas por perdonar.

La petición de esta negociación no es un tema de altruismo o un capricho de algunos sectores sociales, es una necesidad manifiesta, sin embargo, el eclecticismo del ELN frente a la paz y el error, tras error, tras error del gobierno nacional frente a esta negociación han llevado a un punto de crisis de este proceso.  Ahora se debe dar un paso hacia adelante entre ambas partes y la sociedad civil y opinión pública deben hacer esfuerzos para que ello ocurra.

Si bien ambos procesos no podrán coincidir, es importante que al menos el final del proceso de paz con las Farc coincida con la apertura del proceso con el ELN, solo así se garantizarán unas reglas de juego claras en el posconflicto territorial.

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