Dos procesos de paz

Ariel Ávila Ariel Ávila, Columnistas

A este punto es imposible pensar en una confluencia en el tiempo del proceso de paz entre las Farc y el gobierno, con el proceso de paz entre la guerrilla del ELN y el gobierno nacional. Aunque expertos en temas de seguridad y secretores de la sociedad civil buscaron esta confluencia nos llegó el 2016 y el proceso con el ELN no arrancó.

Para los expertos en seguridad había una necesidad palpable de que la diferencia en tiempo entre el inicio de la dejación de armas de las Farc con la del ELN fuera ojalá de semanas o algunos pocos meses. El argumento era que en la mayoría de territorios donde opera el ELN hay presencia de las Farc o en el mejor de los casos esta presencia es muy cercana de una estructura militar a otra. De tal forma que la probabilidad de que la guerrilla que se quede en armas masacre aquella que va a la paz es alta, como ya ha ocurrido en otros momentos de la historia de Colombia, verbo y gracia lo ocurrido con el EPL en los años noventa del siglo pasado.

Además en muchos de estos territorios existe presencia de economías ilegales por lo que los riesgos de la llegada de nuevos grupos armados ilegales a tomar estas economías que van a dejar libre las Farc causarían olas de violencia, incluso superiores a las vividas en el conflicto armado, aunque de otro tipo. Esto no sería homogéneo en el país, pues hay territorios con mayor riesgo que otros.

Para los sectores de la sociedad civil, la necesidad de acercar en el tiempo estos dos procesos de paz tenía dos postulados. Por un lado, se buscaba un cierre definitivo y total del conflicto y evitar los riesgos de hacerlo parcialmente como había ocurrido en otros momentos de nuestra historia. Por ejemplo, en los años noventa del siglo pasado en la negociación con el M-19, el EPL, la corriente de renovación socialista, se dejó por fuera al ELN y las Farc, y años después se entró nuevamente en un ciclo de violencias. Por lo tanto, haber tenido dos mesas simultáneas era un factor de disminución de riesgos.

Por otro lado, es claro que varios de los puntos avanzados con las Farc son un insumo importante para la negociación con el ELN. Basta tener en cuenta que al final de todo el proceso solo habrá un modelo de justicia transicional, no habrá uno para el ELN, otro para las FARC y otro para las Fuerzas Militares, deberá ser uno solo para todos los actores en conflicto, como un solo el modelo en  los temas de reparación a víctimas y derecho a la garantía de no repetición.

Muy seguramente en las próximas semanas
comenzará el ciclo abierto de la negociación con el ELN
y tardará no menos de dos años

Al final no se logró el objetivo, los errores de los encargados de paz del gobierno fueron inmensos:  error tras error, tras error. Por otro lado, los debates internos del ELN han imposibilitado que este grupo tenga posiciones fijas sobre el tema de paz. Muy seguramente en las próximas semanas comenzará el ciclo abierto de esta negociación y tardará no menos de dos años y la de las Farc terminará seguramente en el primer semestre de 2016.  Es decir, una diferencia de no menos de 18 meses.

Así las cosas los riesgos son múltiples, pero se pueden mitigar o diseñar estrategias que posibiliten una transición pacífica en los territorios donde ambos grupos armados ilegales confluyen. Por ejemplo, será indispensable que la negociación con el ELN comience donde termina la de las Farc. Ya que para garantizar un posconflicto pacífico se necesitaría un cese bilateral entre el gobierno y el ELN, al menos en las zonas donde operan ambas guerrillas. Se requiere que el dispositivo internacional que verificará la dejación de armas de las Farc ayude también a la verificación del cese bilateral con la guerrilla del ELN.